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1967, ¡qué gran año!

Cien años de Soledad, El Graduado, The Beatles, los hippies, Les Luthiers o la escultura de Picasso en Chicago convirtieron a 1967 en "un gran año que dio excelente cosecha"

A continuación, menciono algunos hitos de la humanidad ocurridos durante 1967, que justifica nuestra emoción personal con este año:

El mundo literario no ha dejado de celebrar en 2017, los cincuenta años de la publicación de la obra consagrada como el gran clásico en español del siglo XX. Sin exageraciones, Cien Años de Soledad, dejó de ser una novela de cierto autor colombiano para convertirse en un sello imprescindible. Traducida a más de 50 idiomas, al menos cincuenta millones de ejemplares vendidos, prohibida en algunos países, redescubierta en otros, nunca llevada al cine, por el deseo expreso de Gabriel García Márquez, un cinéfilo que consideraba que era imposible plasmar en pantalla todo ese caudal de palabras e imágenes.

El Graduado emergió como la respuesta, para algunos tibia, para otros contundente desde Hollywood a las revoluciones sociales, culturales y específicamente cinematográficas que se vivían en el mundo, con directores-autores en otros continentes que imprimían un sello personal y no de una empresa. En todo caso resultaba una película revolucionaria, para una industria que había pasado por años de censura gracias al llamado código de producción, que prohibía literalmente la violencia y el sexo y por ahí directo, cualquier manifestación que saliera de lo políticamente correcto.

The Beatles realizaron quizás el mejor álbum conceptual de la historia musical, Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band (La Banda del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta) con la famosa portada, en donde los cuatro de Liverpool comparten con figuras históricas o relevantes de ese momento. Pero lo importante del disco fue la constatación de la madurez del legendario grupo, cuando se lanzaban sin miedo a la experimentación de nuevos sonidos, o la incorporación de los clásicos. En el momento pleno del grupo y a punto de su disolución, este álbum es su gran legado para la música.

El hipismo y uno de los himnos de ese movimiento social, comparten el nombre de una ciudad, San Francisco. La canción del mismo nombre popularizada por Scott McKenzie y escrita por John Phillips de The Mamas & The Papas, nos sigue vistiendo de flores, una de las más bellas de aquella generación que nació durante el mes de mayo del 67.

Les Luthiers, el genial grupo musical humorístico, que acaba de ser galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, nació en una jornada universitaria de corales para convertirse en sinónimo de talento musical y humor sin límites, pues fabrican los libretos y partituras con la misma inteligencia y sensibilidad con la que hacen sus increíbles instrumentos, hasta el extremo que uno puede terminar pensando que Johann Sebastian Mastropiero, ese compositor multifacético existió en la realidad, bueno, al menos encarnado en los músicos que lo interpretan.

En Chicago se inauguraba una escultura de Pablo Picasso, que al no tener nombre, ha dado para múltiples interpretaciones, pues se ignora si es animal, persona o alegoría. Muy criticada al comienzo, ha terminado por ser uno de los símbolos de la ciudad de los grandes hombros, pero además cuenta con un significado de solidaridad, pues siendo encargada por las autoridades de la ciudad al artista español, este terminó donándola y pidiendo que el dinero fuera destinado a los más pobres de la ciudad. El alcalde de aquella época, Richard J. Daley, otro símbolo de Chicago, dijo cuando la inauguró: “Con la creencia que lo que es extraño para nosotros hoy, será familiar el día de mañana”. Así fue, sigue siendo extraña, pero una pieza imprescindible del escenario de la ciudad de los grandes hombros en el presente.

Nos dejaron grandes durante 1967 como Vivien Leigh, el verdadero tornado de Lo que el viento se llevó. Ernesto Guevara era fusilado en Bolivia y nacía el mito del Ché. También marchaba René Magritte, el gran pintor surrealista belga quien nos sigue deslumbrando con sus elegantes hombres invisibles. Pero no hablemos de los idos, sigamos consagrando la vida.

1967 fue un gran año, dio excelente cosecha y no es porque este servidor haya nacido precisamente durante ese noviembre. No solo por eso brindo a la salud del sesenta y siete.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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