sábado. 24.02.2024

El corazón mudéjar de la España medieval aún late en el Valle del Genal

Dos rutas a través de castañares multicolores y blanquísimos pueblos andaluces recorren una comarca de origen islámico que se sublevó en el siglo XVI contra el nuevo orden cristiano

Benalauría es uno de los pueblos más singulares del Valle del Genal (Málaga, España)
Benalauría es uno de los pueblos más singulares del Valle del Genal (Málaga, España)

El Valle del Genal es uno de los parajes más luminosos, serenos y escondidos del sur de España. Entre sus pliegues agrestes y sus bosques de castaños, aún palpita el corazón mudéjar de la civilización andalusí que gobernó la península ibérica durante casi ocho siglos. La huella islámica todavía se aferra a la toponimia de sus bellísimos pueblos blancos, que resisten heroicamente al aislamiento secular de estas tierras.

La historia dice que a finales del siglo XV, cuando las huestes cristianas asediaban el reino nazarí de Granada, la comarca estaba estructurada en pequeñas alquerías administradas por alguaciles supeditados al qadí mayor de Ronda. Se trataba de asentamientos de origen beréber, que habían ido entrado a la península desde principios del siglo VIII. La comarca goza de un clima benigno, con temperaturas suaves y abundante pluviometría, muy apropiado para el cultivo de productos hortofrutícolas. Hoy abundan los quejigos, los alcornoques, los pinos, las encinas y, singularmente, los castaños, que en otoño tiñen el bosque de tonos amarillos y cobres realmente mágicos.

La toponimia árabe, cinco siglos después, delata su origen: Atajate, Alpandeire, Faraján, Benahayón, Benifériz, Benahazín, Cartajima, Benitamín, Benalauría, Benadalid y así hasta 15 municipios entre el Alto y el Bajo Genal. En total, 7.000 habitantes pueblan estas solitarias colinas de la provincia de Málaga esparcidos en diminutos enclaves serranos.

En 1485, siete años antes de la caída de Granada, la ciudad de Ronda y su comarca, incluido el Valle del Genal, capitulan ante los Reyes Católicos. Los conquistadores cristianos se comprometen a respetar las costumbres y la forma de gobierno de la población musulmana nativa a cambio de sometimiento. A partir de ahora, los musulmanes pasarán a ser denominados como mudéjares por vivir bajo un poder no islámico. El vocablo proviene del árabe ‘mudayyan’ e identifica a “aquel a quien se ha permitido quedarse”.

Uno de los castañares del Genal, que en otoño adquiere intensos tonos amarillos
Uno de los castañares del Genal, que en otoño adquiere intensos tonos amarillos

Todo cambia tras la caída de Granada y el fin del último reino musulmán de la península. En 1494, el Valle del Genal es entregado por la corona a algunas de las casas nobiliarias que acabarían ocupando puestos de privilegio en la nueva estructura del poder: los duques de Medinacelli y Medina Sidonia o el conde de Benavente. El Alto Genal, también conocido como Havaral, se convierte en un señorío del príncipe don Juan entre 1496 y 1499.

Se extienden los abusos de los cristianos viejos, principalmente por los recaudadores y autoridades, y los incumplimientos en los pactos capitulares se multiplican. En 1499, el barrio del Albaicín, de Granada, se levanta contra la corona en respuesta a los intentos de conversión forzosa al cristianismo, según indica Francisco Siles Guerrero, en un artículo sobre la evolución administrativa del Valle del Genal.

En realidad, las conversiones favorecían a la Iglesia, pero no a la hacienda real, porque perdía el tributo de los musulmanes en beneficio de la jerarquía católica. En junio de 1500, sin embargo, el Papa concedió a los Reyes Católicos las dos terceras partes de los diezmos de los cristianos nuevos, lo que se comportó como un incentivo para forzar nuevas conversiones en masa. En octubre de ese mismo año, las mezquitas de Igualeja, Parauta, Pospítar, Balastar, Pujerra, Atajate y Júzcar fueron transformadas en iglesias.

Un año después, en 1501, el Valle del Genal se levantó contra las autoridades cristianas. En el Havaral se habían intensificado las conversiones forzosas y se prodigaron las partidas incontroladas de cristianos viejos. Las crónicas dan cuenta del asesinato de dos clérigos en Daidín. El propio rey Fernando tuvo que personarse para sofocar la revuelta. Muchos musulmanes se fueron a África y otros prefirieron la conversión al exilio, aunque mantuvieron su religión de forma clandestina. Los conversos pasaron a ser identificados como moriscos.

La emigración al Magreb aceleró el despoblamiento del Valle del Genal, agudizado en 1570 tras una nueva rebelión morisca. Aunque se produjo una repoblación cristiana a lo largo del siglo XVI, la mayoría de las alquerías del Havaral desaparecieron paulatinamente.

Dos rutas teñidas de color

Hoy la huella islámica aún pervive en la gastronomía, la arquitectura y la toponimia de un rincón excepcional, que ha logrado conservar su integridad a través del tiempo. Ajeno al turismo invasivo, el Valle del Genal es un paraje formidable para el senderismo. Y en este reportaje recomendamos dos rutas asequibles para iniciados, que pueden practicarse en cualquier época del año.

Para las dos se recomienda calzado adecuado y una mochila con agua, fruta, comida, impermeable y ropa de abrigo. El GPS es siempre un seguro de vida imprescindible para adentrarse en cualquier sendero. La primera de las rutas parte en la Venta de Santo Domingo y tiene como destino Benalauría. En total, 18 kilómetros y 600 metros de desnivel positivo. El camino comienza ascendiendo al Puerto de Benalauría para hacer cumbre en el Peñón de Benadalid (1.135 metros de altitud) por su vertiente occidental. El escarpado enclave propicia la escalada a través de varias vías ferratas en el conocido como Tajo de los Aviones.

Cartajima, al fondo, es el inicio y destino de nuestra ruta circular
Cartajima, al fondo, es el inicio y destino de nuestra ruta circular

Desde el vértice del Peñón de Benadalid, se divisa una panorámica magnífica, que alcanza hasta el Estrecho de Gibraltar y la costa marroquí. También tenemos a nuestro alcance el macizo de Líbar, la Sierra del Oreganal, la Sierra de las Nieves y Sierra Bermeja. Descendemos por una pista hacia el Valle del Guadiaro, a través de un precioso camino antiguo colgado de la ladera. Pronto alcanzaremos el blanquísimo pueblo de Benadalid y su castillo reconvertido en cementerio. Aquí podemos descansar brevemente y reponer fuerzas con un bocadillo y una cerveza fresca en la apacible plaza principal. Poco después, reemprendemos camino hasta Benalauría por un sorprendente bosque de castaños, que en otoño nos regalará tonalidades anaranjadas y cobrizas.

La segunda ruta que recomendamos en este reportaje es una circular desde Cartajima. En sus 16 kilómetros y 400 metros de desnivel positivo, atravesaremos Júzcar, Moclón y Pujerra hasta regresar nuevamente el pueblo de inicio. En este sendero podremos disfrutar en su plenitud de espectaculares bosques de castaños, que en su vertiente norte aún conservan un intenso tono amarillo. Los castañares del Valle del Genal constituyen la formación de bosque caducifolio más meridional de Europa y sus pobladores han logrado desde hace siglos el equilibrio perfecto entre la explotación humana y el medio físico.

Pujerra está a mitad de camino y es un lugar ideal para tomarse un respiro en alguna de sus serenas plazas encaladas. Para dormir, aconsejamos el Hotel Almejí, un antiguo molino de aceite perfectamente rehabilitado. Está ubicado en el pequeño enclave de Benadalid y dispone de una formidable terraza con vistas a las verdes lomas del Genal.

El corazón mudéjar de la España medieval aún late en el Valle del Genal
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