sábado. 28.01.2023

“Una de las misiones esenciales de Casa Árabe es luchar contra los estereotipos”

Su directora, Irene Lozano, cumple un año al frente de la institución y advierte que el resurgir del nacionalismo reaccionario fomenta los prejuicios contra lo musulmán y lo árabe

Irene Lozano, en la sede de Casa Árabe en Madrid. (Cedida)
Irene Lozano, en la sede de Casa Árabe en Madrid. (Cedida)

Escritora y periodista, Irene Lozano (Madrid, 1971) acaba de cumplir un año al frente de Casa Árabe. Ha sido secretaria de Estado de España Global y presidenta del Consejo Superior de Deportes. En 2011, ocupó un escaño en el Congreso de los Diputados y fue portavoz de la Comisión de Exteriores y Cooperación Internacional. Es la primera directora general de la institución que no procede del ámbito diplomático o de la esfera del arabismo, aunque conoce de primera mano el mundo árabe gracias al desempeño profesional del periodismo. Fue enviada especial en Mauritania y Argelia, y viajó a Egipto como reportera. También ha visitado Qatar, Túnez, Líbano y Emiratos Árabes Unidos, cuyo desarrollo cultural y económico valora singularmente.

-¿Y qué hace una escritora y periodista como usted en un sitio como este?

-Los temas de internacional me han atraído siempre. En El Mundo trabajé diez años y una parte de ellos en la sección de Internacional. Pedro Sánchez [presidente del Gobierno de España] me nombró secretaria de Estado de España Global. Luego fui secretaria de Estado de Deportes y tuve mucha relación con la diplomacia pública. En realidad, este puesto combina toda mi trayectoria y mis aficiones.

-Fue el presidente del Gobierno quien le propuso esta responsabilidad.

-Sí. Por supuesto, con el ministro de Exteriores, pero los puestos que he tenido con este Gobierno han sido siempre a propuesta de él.

-¿Qué sintió cuando le propusieron una responsabilidad en una institución tan específica como Casa Árabe?

-Sentí que engarzaba muy bien con mi trayectoria. Por un lado, toda esa dimensión internacional y, por otro, la gestión cultural. Somos un centro híbrido. Es una institución que no tiene muchos paralelos en otros países. Está el Instituto del Mundo Árabe en París, pero no es exactamente lo mismo porque en ese caso está cofinanciado por los países árabes. La nuestra es una institución netamente del Ministerio de Exteriores.

-Hasta ahora, todos los directores anteriores han sido arabistas y diplomáticos. Usted rompe esa línea.

-También está ocurriendo en otras casas. Es importante, cuando se quiere dar un impulso determinado a una institución como esta, tener a personas más cerca de la política que de la diplomacia. Esto tiene mucho de gestión cultural y llevamos una labor diplomática intensa, que hacemos estrechamente con nuestro Ministerio. Hoy mismo hemos tenido un acto del Día de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y han estado las dos secretarias de Estado.

-¿Qué ha aprendido en un año al frente de Casa Árabe?

-Que, si bien los países árabes en términos políticos son muy distintos a nosotros, porque no son regímenes democráticos, sin embargo, hay muchísimas cosas que tenemos en común empezando por nuestra historia. Y también tenemos en común inquietudes. Veo a los artistas que exponen aquí. Y veo cómo esas inquietudes contemporáneas son bastante comunes y fáciles de traducir para el gran público. El mayor reto de Casa Árabe es ser capaces de llegar a una audiencia más grande, en un momento en que hay una gran lucha por la atención en las plataformas y las redes sociales. Ha cambiado mucho el ocio. Hemos abierto la línea de hacer programación para la población árabe. En España hay más de dos millones de árabes, que son audiencia objetiva de nuestros actos, exposiciones, ciclos de cine o presentación de libros. Y creo que Casa Árabe puede tener un papel importante como elemento de mayor integración. Ese es uno de los retos que nos hemos planteado. Desde julio de este año, por primera vez Casa Árabe tiene una estrategia para cuatro años.

-Usted conocía con anterioridad los países árabes.

-Como periodista, fui enviada especial en Mauritania en un viaje con el entonces jefe del Gobierno. También en Argelia. Y había trabajado en reportajes periodísticos en Egipto. He estado en Qatar, Emiratos, Túnez y Líbano. Como diputada, fui portavoz de Exteriores y Cooperación y el trato con países árabes era constante. Y en mi faceta de secretaria de Estado de España Global era responsable de estrategia de la diplomacia pública del Gobierno.

-¿Y cómo ha sido su experiencia directa en los países árabes?

-En general, una experiencia positiva. Uno de los grandes retos de la diplomacia es encontrar ese camino, que, a veces, es estrecho y complejo, en aquellos países que pensamos que tienen que mejorar en términos de derechos humanos y derechos de las mujeres, o en términos de democracia. Ese camino en que nosotros podemos apostar por una vía que creemos adecuada sin dejar de buscar lo que tenemos en común y podemos compartir con ellos. Esa es la estrategia diplomática más adecuada. España tiene una relación especial con los países árabes y es muy bien vista en todos ellos. Para nosotros, eso es un valor importante. Hay otra parte de nuestro trabajo que también afloró en la estrategia, que es la proyección de España en los países árabes. Hacemos el camino de ida y vuelta: darnos a conocer a las sociedades mutuamente. Y también dar a conocer lo que es la sociedad española. Lo que se hace aquí de arte, cultura, deporte y ciencia. Ese camino hay que transitarlo.

La directora de Casa Árabe, en la inauguración de una exposición fotográfica sobre Bagdad
La directora de Casa Árabe, en la inauguración de una exposición fotográfica sobre Bagdad

-Permítame una cuestión de actualidad. ¿Hace bien la FIFA prohibiendo el brazalete del arco iris en el Mundial de Qatar?

-Tengo mis reservas sobre la actitud de la FIFA en este asunto. Es verdad que las federaciones son las responsables de organizar este tipo de competiciones, pero creo que a veces se pone el foco sobre Qatar y demasiado poco sobre la FIFA, que debería sujetarse a valores universales y de derechos humanos, y no hacer discursos a veces demasiado de gallito del corral cuando no corresponde.

-¿Y cómo se concilia el respeto a un país con el respeto a las minorías y la diversidad?

-La política exterior de España es feminista y, en ciertos países, las mujeres son las mayorías tratadas como minorías. También ocurre con la diversidad sexual o religiosa. Ellos conocen perfectamente nuestra posición. España ha suscrito en estas últimas semanas todas las iniciativas relativas a mejorar la situación de las mujeres en Irán y en contra del uso abusivo de la fuerza durante las protestas. La ONU ha aprobado que se investigue lo que está ocurriendo. Ese es el papel que España tiene que hacer. Somos países amigos, pero tenemos nuestra posición.

-Este es el primer Mundial de Fútbol que se celebra en un país árabe. ¿Qué significa esto en términos históricos?

-Especialmente los países del Golfo son conscientes de la proyección internacional que tiene un evento deportivo de masas. Está bien que se hable de derechos humanos en Qatar. Se está hablando más que en muchísimos años. Y tenemos que ser conscientes de que en otros países no se habla de eso. Lo que está proyectando Qatar en otros países árabes es un país moderno y potente. Y eso también es un motivo de orgullo.

-Casa Árabe ha desplegado un amplio programa relacionado con el Mundial.

-Queríamos subrayar todo lo que ocurre en torno al fútbol y que las cámaras no recogen. Contamos la historia de chicos y chicas. Por ejemplo, hay un grupo de madres que iban a ver a sus hijos y montaron un equipo y se pusieron a jugar también. Jugar al fútbol chicos y chicas de origen árabe les ha dado la oportunidad de integrarse mejor y sentir que pertenecen a un barrio y a una comunidad. A alguna mujer les ayuda a desarrollar la confianza en sí misma. Es también una herramienta para viajar. Y una herramienta de inclusión, de cambio y de carácter social extraordinaria. Y queríamos reflejar todo eso. El programa es muy amplio. Tuvimos un debate de mujeres futbolistas árabes que fue muy interesante. Hemos presentado ‘Qatar, la perla del Golfo’, un libro de Ignacio Álvarez-Ossorio e Ignacio Gutiérrez de Terán, y hemos hecho un diccionario árabe-español de fútbol. Hemos querido explotar todo lo que hay en torno al fútbol con un componente más social y cultural que deportivo.

-Por cierto, ¿le gusta el fútbol?

-Me gusta mucho cuando juega España y comparto todas las emociones que genera.

-¿La cultura es el más eficaz instrumento diplomático?

-Desde luego, en el caso de España lo es. En mi etapa de España Global manejábamos muchos datos sobre la percepción de España en el mundo. Hay algo en lo que hay unanimidad: considerar a España una potencia cultural. A veces no somos conscientes. Tenemos una larga historia cultural. Desde Cervantes, que inventa la novela moderna, hasta Lorca o María Zambrano. Tenemos músicos extraordinarios, no solo en la actualidad, sino históricamente. España ha diseminado su cultura por el mundo y la relación que tenemos con los países que comparten esa cultura es extraordinaria.

"España es vista por la diplomacia internacional como un nexo fundamental con Iberoamérica y los países árabes"

-Casa Árabe organiza más de 300 eventos culturales al año, casi uno diario. ¿Misión cumplida?

-En nuestra estrategia, una de las cuestiones que afloró fue nuestra capacidad de medir las actividades por impacto y no tanto por número. Puedes tener un evento ‘online’ pero llegas a una audiencia de miles o decenas de miles de personas y eso tenemos que evaluarlo e integrarlo en nuestro trabajo diario. El objetivo es focalizarnos más en el impacto de nuestras actividades, ya sea visitantes en conferencias o actos de libros. Saber realmente el número de personas a las que llegamos.

-¿Cuál es el sello propio de Irene Lozano al frente de Casa Árabe?

-Todo esto de la estrategia en gran parte es sello propio. Por mi formación filosófica, tengo una buena visión estratégica de las cosas. Enseguida sé ver el conjunto de la situación, dónde están los puntos débiles y las fortalezas, identificarlas y trabajar en ellas. Una de nuestras grandes fortalezas es el centro de lengua árabe, que tiene mucha experiencia y prestigio. Queremos sacarlo de aquí y dar clases de árabe a gente que no puede desplazarse al centro de Madrid. Como filóloga, la lengua me apasiona, incluso como herramienta para la propia población de origen árabe que ya son españoles de segunda generación y quizás necesitan ayuda en el manejo escrito del árabe. Gente que se desenvuelve muy bien oralmente en la lengua de su familia pero que la escrita se les escapa un poco más. Ahí podemos hacer una labor muy importante. Tenemos entre 300 y 400 alumnos por trimestre. En el acumulado de tantos años, son ya varios miles de personas.

-¿El Mediterráneo es un mar que une o que separa?

-A mí me gusta lo del Mare Nostrum. Es el mar nuestro de todos los que somos mediterráneos. Yo soy de Madrid y me siento muy mediterránea. Las dos orillas a veces están demasiado alejadas. Y es un mar marcado también por la desaparición de muchos migrantes en ese trayecto. Deberíamos hacer más por unir las dos orillas. Y en eso estamos trabajando junto con Casa Mediterráneo, que es un aliado magnífico para trabajar con los países que tenemos en común, que son árabes y mediterráneos al mismo tiempo.

-¿Y qué papel juega España en las relaciones euroárabes?

-España juega un papel esencial. Es un país que es visto en la diplomacia internacional como el nexo fundamental con Iberoamérica y los países árabes. Es un país que no tiene relaciones tortuosas con el mundo árabe. No solo compartimos una larga historia con ellos, y suficientemente lejana como para que no sea motivo de controversia, sino que el legado de Al Andalus es aceptado como parte del nuestro por la sociedad española. España conoce y fomenta esas fortalezas. Es un país que realiza mucha tarea de mediación, a veces callada sin grandes titulares, pero que genera resultados positivos.

-Al Andalus, por cierto, sigue siendo una pieza conflictiva en nuestra historia y en los últimos años se ve con mucha claridad. Algunos sectores han construido la identidad de España frente al islam.

-Hay claramente un giro nacionalista reaccionario y no solo en España. En todo el mundo. Estamos viendo esos líderes que llamamos populistas aunque es más preciso hablar de cómo se quiere renacionalizar la política. Volver a ese auge de cerrarse sobre sí mismos y apelar a un pasado glorioso. Lo hemos visto en el ‘make America great again’ y en el Brexit. Para este tipo de movimientos ese discurso es puramente instrumental y espurio. No está basado en una evaluación rigurosa de nuestra historia. Una historia común de siete siglos de paz y también de guerra, donde pasaron cosas extraordinarias. Hubo momentos de convivencia de distintas culturas. Una de las misiones esenciales de Casa Árabe es luchar contra los estereotipos. Y este tipo de movimientos nacionalistas fomentan los prejuicios hacia lo musulmán y lo árabe. Tenemos que esforzarnos más y hacer nuestro trabajo.

-¿Y cómo se combate la arabofobia?

-Una parte esencial es el conocimiento mutuo. Me lo decía un empresario: para alguien que vaya a invertir en un país árabe es mucho más fácil cuando ya lo ha hecho una vez porque ya conoce la sociedad y el ámbito donde va a desarrollar su actividad. Es más fácil desconfiar de aquello que desconoces. Tenemos esa tarea de tender puentes y dar a conocer a las sociedades árabes.

-El insigne arabista Pedro Martínez Montávez dijo lo siguiente: “En Occidente aún predomina la idea de superioridad moral sobre el mundo árabe”. ¿También lo cree usted?

-No lo sé. No me atrevería ir tan lejos. A veces, hay una tendencia excesiva en Europa a abordar estos temas desde la culpabilidad. Desde luego, Europa ha hecho muchas cosas mal a lo largo de su historia, pero también muchas bien. La humanidad le debe mucho a Europa en términos de ciencia y cultura. Hay una cierta distorsión. Es más fácil fustigarnos a nosotros mismos y abordar los conflictos desde esa posición de culpa. Y creo que eso no es sano en ninguna relación. La responsabilidad sobre el pasado es relativa. Hay una herencia y una transmisión, pero, ¿hasta qué punto un director de Casa Árabe es responsable de lo que hizo un conquistador español o un cruzado contra el islam?

-¿Cómo evalúa la relación de España con los países del Golfo, particularmente con Emiratos?

-Yo creo que las relaciones de España con los países del Golfo son buenas. Se han ido intensificando en los últimos años y eso es positivo. Es evidente que la situación de las mujeres en los países del Golfo ha mejorado en los últimos años desde la libertad y la igualdad de derechos. España es un país pionero y tiene declarada por el presidente del Gobierno una política exterior feminista. Desde Casa Árabe tuve ocasión de conocer al anterior embajador [de Emiratos]. Tenemos una relación intensa con la Feria del Libro del emirato de Sharjah, que es el que más interés cultural genera. Creo que estamos bien atendidos mutuamente.

“Una de las misiones esenciales de Casa Árabe es luchar contra los estereotipos”
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