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sábado. 30.08.2025

Del Nilo al Golfo: sabores que cuentan una historia compartida

Mas allá de la geografía, lo que hoy une a egipcios y habitantes del Golfo Arábigo no es solo la historia de caravanas y rutas marítimas, sino la persistencia de una cocina que en cada plato narra la memoria de pueblos enteros
El comino, el cilantro, el cardamomo, el azafrán y el limón seco (loomi) perfuman los platos con una intensidad que remite tanto a un guiso egipcio como a un arroz del Golfo. (Fuente externa)
El comino, el cilantro, el cardamomo, el azafrán y el limón seco (loomi) perfuman los platos con una intensidad que remite tanto a un guiso egipcio como a un arroz del Golfo. (Fuente externa)

Mientras las pirámides de Giza se alzan desafiando los siglos a orillas del Nilo, y las torres de Dubai se reflejan sobre las aguas del Golfo Arábigo, existe un puente menos visible, pero igual de sólido, que une a estas dos regiones: la cocina. Una herencia culinaria compartida que, a pesar de fronteras y diferencias, revela raíces comunes moldeadas por el comercio, la migración y la tradición.

Mas allá de la geografía, lo que hoy une a egipcios y habitantes del Golfo no es solo la historia de caravanas y rutas marítimas, sino la persistencia de sabores y aromas que, en cada plato, narran la memoria de pueblos enteros.

Más allá de las similitudes, existen platos que parecen viajar con un “pasaporte compartido”. (Fuente externa)
Más allá de las similitudes, existen platos que parecen viajar con un “pasaporte compartido”. (Fuente externa)

Los cimientos de una dieta compartida

La mesa egipcia y la del Golfo nacieron bajo un mismo cielo árido y exigente. El desierto, con sus oasis y su dureza, dictó qué ingredientes se convirtieron en esenciales: granos, legumbres, dátiles y especias.

El pan es quizá el símbolo más claro de esta conexión. En Egipto, el eish baladi, un pan plano hecho con harina integral, acompaña cada comida como un aliado inseparable. En el Golfo, el khubz o jubz cumple la misma función, no solo como guarnición, sino como vehículo para saborear guisos y salsas.

Las legumbres, por su parte, representan un lenguaje común. El ful medames, habas cocidas lentamente con aceite de oliva, ajo y limón, es el desayuno emblemático de los egipcios. Su eco resuena en los desayunos del Golfo, donde las habas y los garbanzos también son protagonistas, preparados con variaciones locales que enriquecen la tradición compartida.

El arroz, introducido por comerciantes que cruzaban el sur de Asia y el Oriente Medio, se convirtió en otro elemento indispensable. Tanto en El Cairo como en Mascate, el arroz no es un simple acompañamiento: es la base de platos nacionales que condensan la historia de la región.

La similitud entre las cocinas de Egipto y el Golfo Arábigo es evidente desde los primeros bocados. (Fuente externa)
La similitud entre las cocinas de Egipto y el Golfo Arábigo es evidente desde los primeros bocados. (Fuente externa)

Aromas que trascienden fronteras

Las especias son el verdadero hilo conductor de estas cocinas. El comino, el cilantro, el cardamomo, el azafrán y el limón seco (loomi) perfuman los platos con una intensidad que remite tanto a un guiso egipcio como a un arroz del Golfo. El ajo y la cebolla, ingredientes humildes pero esenciales, refuerzan esta continuidad.

Cada especia cuenta una historia de caravanas que cruzaron desiertos, de barcos cargados en los puertos del Mar Rojo, de familias que adaptaron los sabores foráneos a su propio paladar sin perder la esencia.

La similitud es evidente desde los primeros bocados
Ambos cocinas, con técnicas diferentes, reflejan las mismas devociones culinarias. (Fuente externa)

De entradas a postres: Un banquete universal

La similitud es evidente desde los primeros bocados. En las mesas de ambas regiones, los mezze anuncian el inicio de la experiencia. El hummus, puré de garbanzos con tahini, y el baba ganoush, berenjenas asadas con un toque ahumado, son entrantes que difícilmente se distinguen por su lugar de origen. Estos platos, nacidos en el Levante, se arraigaron tanto en Egipto como en el Golfo, y hoy son universales.

En los principales, la carne a la parrilla se eleva a la categoría de arte. Kebabs y koftas recorren ambos mundos como símbolos de hospitalidad. La kofta, rollos de carne picada de cordero mezclada con cebolla y hierbas, es tan habitual en una parrilla cairota como en una barbacoa de Abu Dhabi.

Los arroces condimentados son otra muestra de parentesco. El koshary, considerado plato nacional de Egipto, combina arroz, lentejas, macarrones y garbanzos en un mosaico popular. Al otro lado del Mar Rojo, el machboos o kabsa despliega arroz cocinado con carne y especias, convertido en un plato de celebración. Ambos reflejan, con técnicas diferentes, la misma veneración hacia los cereales como base de sustento y comunidad.

Los postres confirman que la dulzura también tiene un idioma común. La baklava, con sus capas de masa filo, frutos secos y miel, aparece tanto en las pastelerías de El Cairo como en las del Golfo, testimonio de una herencia otomana que se expandió desde Anatolia hasta Marruecos. El egipcio Om Ali, mezcla cálida de pan, leche, nueces y pasas, tiene paralelos en otros dulces regionales, reafirmando la universalidad del placer que ofrece un postre cremoso.

La conexión entre estas cocinas no es fruto del azar. Durante siglos, las rutas comerciales transportaron más que mercancías: llevaron consigo recetas, técnicas y especia. (Fuente externa)
La conexión entre estas cocinas no es fruto del azar. Durante siglos, las rutas comerciales transportaron más que mercancías: llevaron consigo recetas, técnicas y especia. (Fuente externa)

Platos con pasaporte compartido

Más allá de las similitudes, existen platos que parecen viajar con un “pasaporte compartido”. El fattah egipcio, por ejemplo, que combina arroz, pan y carne, dialoga con las variaciones de arroz con carne del Golfo. El uso de especias en el machboos recuerda al cuidado detalle de las salsas egipcias. Incluso en las variaciones, la esencia es la misma: abundancia, hospitalidad y celebración.

La conexión entre estas cocinas no es fruto del azar. Durante siglos, las rutas comerciales transportaron más que mercancías: llevaron consigo recetas, técnicas y especias. Los peregrinos que viajaban a La Meca regresaban a sus hogares con nuevos sabores, y los comerciantes que cruzaban el Mar Rojo mezclaban ingredientes de distintos mundos.

Cada plato es, en el fondo, un mapa histórico. En él se leen las conquistas, las migraciones, las adaptaciones a climas hostiles y los intercambios que tejieron la identidad árabe.

Un banquete sin fin

Sentarse a la mesa en Egipto o en el Golfo es mucho más que saciar el hambre: es participar de una memoria colectiva. Al tomar un trozo de pan y sumergirlo en hummus, al saborear una brocheta de kofta o al compartir un baklava, los pueblos celebran no solo su presente, sino también una historia común.

El Nilo y el Golfo, aunque separados por mares y desiertos, encuentran en la cocina un puente eterno. Y mientras los sabores sigan transmitiéndose de generación en generación, ese banquete compartido seguirá recordando que, más allá de las fronteras, hay mesas que unen y perduran.

Del Nilo al Golfo: sabores que cuentan una historia compartida