viernes. 12.04.2024
''¿Qué haces en Pakistán?'' es una pregunta más bien retórica que no espera respuesta, sino confirmación de una sospecha de locura. La pregunta me la han hecho varios familiares y allegados un par de veces. He comprobado que daba igual lo que respondiera, porque no había una reacción después. Daba igual que mencionara la comida, las costumbres, el arte, la Historia, la arquitectura o la búsqueda de perfumes y ropa barata, porque el que asocia peligro y muerte con un sitio no va a abrir los ojos con un testimonio inesperado - incluso no buscado.

Admito que la República Islámica de Pakistán no tiene una reputación que invite a visitarla. Al hecho de que las noticias sobre Pakistán en Europa se reduzcan a atentados y capturas de células terroristas se suma su carácter de país islámico y con aplicación vigente de la sharia, incluyendo severos códigos de honor en la sociedad, con total prohibición de alcohol o cerdo y la ausencia de elementos (playa, fiestas, contacto con mujeres locales) que el mimado turista occidental prefiere encontrar en Tailandia, Bali o Maldivas.

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Mezquita Wazir Kahn. (Rafael González García de Cosío)

Pues bien, todo esto que ahuyenta al turismo internacional es lo que me atrajo a mí. Conociendo los gratos precedentes de Irán y Líbano, necesitaba confirmar que seguían existiendo países en el mundo con gente extraordinaria -quizá precisamente por su nulo contacto con gentes de otras partes del mundo- con papeletas para convertirse en lo mejor del viaje, relegando incluso a un segundo lugar la gastronomía, las compras o los monumentos. Confirmado. Mientras en Alemania la pregunta más de moda al conocer a alguien, aunque tenga marcado acento extranjero, sea ''¿dónde trabajas?'', en Pakistán la primera pregunta del taxista, incluso antes de preguntar ''adónde vas'' es ''¿de dónde eres?''. En esta diferencia se ve el cisma tremendo entre la esquizofrénica carrera de la rata occidental y el bienestar despreocupado de un pueblo acogedor, curioso, con tanta pobreza como honor y hospitalidad. Como ese conductor cristiano de un rickshaw, Marjan, cuya cruz de plástico se balancea colgando del parabrisas mientras llegamos a nuestro destino y me ofrece la carrera gratis por ser yo cristiano también. Insisto, agradecido, y me acaba aceptando los escasos dos euros de la tarifa.

Tiene cuatro hijos, pero la cuarta, una chica, se la ha regalado a una prima vecina que no ha logrado tener ninguna niña

Los cristianos en Pakistán son más de los que me imaginaba antes de visitar el país. Cuentan Karin Mittmann y Zafar Ihsan en ''¡Culture schock! Pakistan'' que los cristianos se dedican a los trabajos peor pagados. Richard, el botones del hotel Faletti de Lahore en el que me alojo, es otro cristiano que me reserva los periódicos del día y me da un abrazo del oso el día que se despide porque al siguiente, cuando me voy yo, él ya está de vacaciones. Sabe que me interesan los periódicos. Los diarios de papel paquistaníes, para mi asombro, parecen tener más libertad para denunciar casos de corrupción o aumentos exponenciales de patrimonio de expolíticos recientes que los periódicos españoles, y esto me entristece. El respeto absoluto, eso sí, lo tienen con el poderoso estamento militar.

Mezquita Imperial de Bbadshahi.
Mezquita Imperial de Bbadshahi. (Rafael González García de Cosío)

El director del hotel Faletti, Zubair, es un hombre estricto con su plantilla y guardián del bienestar de sus huéspedes. Este celo por un servicio excelente solo conoce las pausas para rezar. Le pillo preparándose para rezar porque se ha quitado la chaqueta y tiene las mangas de la camisa remangadas. ''Alá es lo más importante para mí. Cuando hay dificultades o tengo algún problema [lleva la mirada y las manos al aire] él está ahí y me ayuda''. De pronto me doy cuenta de que acabo de contemplar dos de los cinco pilares del Islam en pocos segundos: Zubair atestigua (shahada) la creencia en un único dios mientras explica el ritual de lavado de maos y cuello para rezar. Un tercer pilar, el 'haj' o peregrinación a La Meca, he tenido la suerte de contemplarlo en mi vuelo de ida y luego en el de vuelta, pues mi escala era en Jedda, a escasos kilómetros de La Meca. Es todo un espectáculo ser el único occidental en un vuelo transatlántico rodeado de peregrinos (hombres y mujeres) desnudos y tapados con una bata blanca. Muchos de ellos, de más de 70 años, tienen pinta de haber volado por primera vez en su vida. Por sus pintas de pastores, me imagino que el cuarto pilar del Islam, el de la limosna, les ha permitido a muchos realizar el rito más importante para los musulmanes.

Niño paseando a un mono en Lahore. (Rafael González García de Cosío(
Niño paseando a un mono en Lahore. (Rafael González García de Cosío)

Una noche, sirviéndome la cena en el fabuloso buffet de comida paquistaní, Zubair se acerca a mi mesa para revelarme un detalle familiar que es bien común en esta cultura: tiene cuatro hijos, pero la cuarta, una chica, se la ha regalado a una prima vecina que no ha logrado tener ninguna niña. ''¿Le dirás alguna vez que tú eres el padre?''. Zubair contesta: ''insallah -si Alá quiere, dicho famoso entre paquistaníes- se lo diré cuando crezca''. Me emociono por dentro. Me da pena la chica, pero al mismo tiempo logro controlar mis emociones cuando pienso en lo lejana que es esta cultura.

Lahore es como la Sevilla paquistaní: pura historia, gran gastronomía y gente amable y abierta

Bogotá, capital de Colombia, y Lahore, capital cultural de Pakistán, tienen dos elementos en común, y ninguno de ellos es la capitalidad de algo. Uno es el tráfico horrible y el otro el hecho de que las tiendas se organicen siempre por barrios, sin una distribución más eficiente. Al igual que en la metrópolis colombiana uno tiene que coger el coche sí o sí para comprar zapatos, porque todas las zapaterías están concentradas en una avenida, en Lahore el que quiere perfumes tiene que ir al Bukhari Bazar; el que busca libros o material de oficina, al Urdu Bazar; ropa y prensa, al Anarkali Bazar; alfombras y pañuelos al mercado de la Delhi Gate o Puerta de Delhi, y así todo.

Luego están los inmensos centros comerciales imitadores de los occidentales, con varios controles de seguridad a las puertas, y en donde el viajero ve por primera vez una clase media representativa, pero no mayoritaria en el país. Estos centros abren los domingos, pese a que el resto de tiendas y oficios cierran -por adaptación, como los Emiratos Árabes Unidos, a los horarios occidentales. Sorprende que estos centros comerciales se llenen un domingo mientras que la gran Mezquita Imperial de Badshahi esté vacía por la mañana. En España, la gente sale a la calle para consumir en tiendas, pero también a visitar sus propios monumentos. Quizá la explicación está en la grave depresión económica de los barrios aledaños de la mezquita, con callejuelas que muestran una verdadera ruina de tiendas cerradas permanentemente, escombros y coches abandonados.

Los diarios en papel paquitaníes tienen gran vida y marcan el curso del día a día. (Rafael González García de Cosío)
Los diarios en papel paquitaníes tienen gran vida y marcan el curso del día a día. (Rafael González García de Cosío)

Me pregunto, con esta depresión económica que en realidad sacude a todo Pakistán, por qué me pusieron tantas pegas en el Consulado para obtener el visado de turismo. Es precisamente el turismo lo que necesita este país para prosperar. ¿Es acaso la venganza de que Europa se lo ponga tan difícil a los paquistaníes para trabajar en su territorio? Si es así, sería ridículo, y habría que saber distinguir entre un visado de trabajo y uno de turismo. Porque al final, el perjudicado es el local. Lahore es como la Sevilla paquistaní. Pura historia, gran gastronomía y gente amable y abierta. Pero faltan los turistas, y con ellos el dinero y el intercambio de ideas, servicios y mercancías. Si Pakistán despega y algún gobierno futuro logra mejorar su imagen, será el nuevo país de moda dentro de pocos años.

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Desde Dubai hay vuelos frecuentes y directos con Emirates y otras aerolíneas hasta Lahore.

Un andaluz curioso en la ciudad paquistaní de Lahore
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