19 de enero de 2026, 10:27
Emiratos Árabes Unidos ha iniciado la importación de arena desde lugares tan distantes como Australia, China y Bélgica, lo que ha suscitado preguntas sobre la lógica detrás de esta decisión, dado el vasto territorio desértico del país. La clave se encuentra en la necesidad de un tipo específico de arena adecuada para la construcción, que la arena del desierto no puede proporcionar.
La arena desértica, erosionada por el viento durante milenios, es redonda y lisa, lo que impide su correcta adherencia al cemento, a diferencia de la arena proveniente de ríos o lechos lacustres, cuyas partículas son angulosas y favorecen la formación de un hormigón robusto. El periodista Vince Beiser, en su libro 'El mundo en un grano', expresa que intentar construir con arena del desierto es comparable a usar "canicas" en lugar de ladrillos.
Los ambiciosos proyectos de desarrollo en la región del Golfo, como la Visión 2030 de Arabia Saudita y los icónicos rascacielos de Dubai y Abu Dhabi, demandan grandes volúmenes de hormigón que cumplan con estándares internacionales. Importar arena específica resulta una alternativa más viable que adaptar la arena local a estos requisitos.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el consumo mundial de arena alcanza los 50.000 millones de toneladas anuales, aunque sólo una fracción es apta para construcciones.
En respuesta, expertos sugieren impulsar alternativas sostenibles, como el uso de arena manufacturada y el reciclaje de residuos de demolición, para mitigar la dependencia de fuentes limitadas. La creciente presión ambiental plantea un desafío: ¿serán suficientes estas soluciones para reducir la necesidad de importar arena en el futuro?
La arena desértica, erosionada por el viento durante milenios, es redonda y lisa, lo que impide su correcta adherencia al cemento, a diferencia de la arena proveniente de ríos o lechos lacustres, cuyas partículas son angulosas y favorecen la formación de un hormigón robusto. El periodista Vince Beiser, en su libro 'El mundo en un grano', expresa que intentar construir con arena del desierto es comparable a usar "canicas" en lugar de ladrillos.
Los ambiciosos proyectos de desarrollo en la región del Golfo, como la Visión 2030 de Arabia Saudita y los icónicos rascacielos de Dubai y Abu Dhabi, demandan grandes volúmenes de hormigón que cumplan con estándares internacionales. Importar arena específica resulta una alternativa más viable que adaptar la arena local a estos requisitos.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el consumo mundial de arena alcanza los 50.000 millones de toneladas anuales, aunque sólo una fracción es apta para construcciones.
En respuesta, expertos sugieren impulsar alternativas sostenibles, como el uso de arena manufacturada y el reciclaje de residuos de demolición, para mitigar la dependencia de fuentes limitadas. La creciente presión ambiental plantea un desafío: ¿serán suficientes estas soluciones para reducir la necesidad de importar arena en el futuro?
