Israel ha lanzado ofensivas aéreas contra objetivos vinculados a Hezbollah, el grupo militante respaldado por Irán, luego de los recientes ataques de este último hacia territorio israelí. Las hostilidades se intensifican tras la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei, lo que ha desencadenado una escalada en el enfrentamiento regional.
El Ejército israelí confirmó que interceptó un proyectil lanzado desde Líbano mientras otros cayeron en áreas no pobladas. En respuesta, Israel llevó a cabo ataques aéreos en los suburbios del sur de Beirut, provocando múltiples explosiones y el caos en la capital libanesa, donde muchos ciudadanos huyeron en pánico. Los ataques comenzaron alrededor de las 2:40 a.m., hora local.
A pesar de un alto el fuego mediado por Estados Unidos acordado en 2024, la situación actual ha llevado a la ruptura de la calma, reavivando el conflicto entre Hezbollah e Israel. Este último advirtió a los residentes de varias aldeas en el sur y este de Líbano sobre la posible continuación de los ataques, haciendo responsable a Hezbollah de cualquier escalada.
El contexto regional es aún más tenso con la confirmación de las primeras bajas estadounidenses en el conflicto, incluyendo la muerte de tres miembros del servicio en un ataque a una base en Kuwait. El presidente Donald Trump expresó sus condolencias, pero también anticipó que podría haber más bajas en el futuro. Según encuestas, solo un 25% de los estadounidenses aprueba la operación militar, lo que podría representar un riesgo político para el partido republicano en un año electoral crítico.
Asimismo, Trump instó al pueblo iraní a levantarse contra su gobierno, ofreciendo inmunidad a aquellos que se rindan y amenazando con "cierta muerte" a quienes resistan. El mandatario afirmó que la campaña militar podría extenderse por varias semanas, sin embargo, los detalles sobre los objetivos a largo plazo para Irán permanecen vagos.
En medio de esta crisis, el suministro de petróleo global y el tráfico aéreo han sido severamente afectados, mientras que Irán, enfrentando un vacío de poder tras la muerte de Khamenei, intenta consolidar su liderazgo. A medida que la situación evoluciona, expertos advierten que aunque la muerte de Khamenei puede ser un duro golpe, no significa necesariamente el colapso del régimen clerical en Teherán.
La incertidumbre sobre el futuro de Irán y su estabilidad política está en el horizonte, poniendo en jaque no solo la seguridad regional sino también el equilibrio de poder en el Medio Oriente.
