30 de enero de 2026, 9:28
La creación de contenido en Emiratos Árabes Unidos se presenta como una vía atractiva para alcanzar fama y flexibilidad laboral. Sin embargo, tras la imagen pulida que proyectan muchos creadores se esconde un oscuro trasfondo de agotamiento, ansiedad y la presión de mantenerse relevantes en un ecosistema digital guiado por algoritmos.
Asma S., una creadora de contenido que ha estado activa durante tres años, logró construir una sólida base de seguidores sin mostrar su rostro inicialmente. Su enfoque inicial incluía visitas a lugares icónicos, gastronomía y su rutina diaria desde Abu Dhabi a Dubai. "Sentí que era hora de mostrar mi rostro y abrazarlo por completo", comentó Asma en una entrevista con Khaleej Times.
A pesar de recibir al principio comentarios positivos, la presión aumentó conforme su visibilidad se incrementó. "La gente empezó a encontrar defectos en todo lo que hacía", reconoció. Este escrutinio, sumado a las fluctuaciones de la popularidad de sus vídeos, afectaron su autoestima. "Empiezas a vincular tu valía personal con cifras que escapan a tu control", lamentó.
Otro ejemplo es el de Afra, quien también empezó su carrera en torno al mismo tiempo. Ella compartió haber sufrido ataques hostiles en línea que la llevaron a buscar ayuda profesional. “Necesitaba terapia para distanciarme de lo que se escribía en la red”.
Los especialistas en salud mental advierten que estas experiencias son cada vez más comunes entre los creadores digitales. La doctora Hasna Matar explicó que la constante necesidad de actuar y ser evaluados públicamente provoca un ciclo de inseguridad que impacta gravemente la salud emocional.
Para contrarrestar este fenómeno, los profesionales aconsejan establecer límites claros, reducir la exposición a críticas y priorizar el bienestar mental. En un mundo donde la economía creadora sigue su impulso, reconocer el coste psicológico de esta actividad es fundamental para entender las realidades detrás de las cámaras.
Asma S., una creadora de contenido que ha estado activa durante tres años, logró construir una sólida base de seguidores sin mostrar su rostro inicialmente. Su enfoque inicial incluía visitas a lugares icónicos, gastronomía y su rutina diaria desde Abu Dhabi a Dubai. "Sentí que era hora de mostrar mi rostro y abrazarlo por completo", comentó Asma en una entrevista con Khaleej Times.
A pesar de recibir al principio comentarios positivos, la presión aumentó conforme su visibilidad se incrementó. "La gente empezó a encontrar defectos en todo lo que hacía", reconoció. Este escrutinio, sumado a las fluctuaciones de la popularidad de sus vídeos, afectaron su autoestima. "Empiezas a vincular tu valía personal con cifras que escapan a tu control", lamentó.
Otro ejemplo es el de Afra, quien también empezó su carrera en torno al mismo tiempo. Ella compartió haber sufrido ataques hostiles en línea que la llevaron a buscar ayuda profesional. “Necesitaba terapia para distanciarme de lo que se escribía en la red”.
Los especialistas en salud mental advierten que estas experiencias son cada vez más comunes entre los creadores digitales. La doctora Hasna Matar explicó que la constante necesidad de actuar y ser evaluados públicamente provoca un ciclo de inseguridad que impacta gravemente la salud emocional.
Para contrarrestar este fenómeno, los profesionales aconsejan establecer límites claros, reducir la exposición a críticas y priorizar el bienestar mental. En un mundo donde la economía creadora sigue su impulso, reconocer el coste psicológico de esta actividad es fundamental para entender las realidades detrás de las cámaras.
