domingo. 14.07.2024

Tanta tecnología… y para qué? Entras en cualquier casa, y como que no tiene importancia te puedes encontrar un ipad, un par de iphones, varios ordenadores, un laptop, algunos grabadores de DVD, y como no, esas pequeñas maravillas que todo el mundo lleva en el bolso, el bolsillo, o simplemente descansan en casa en forma de olvidos, los medios de almacenamiento masivo en forma de pinchito USB o simplemente algún que otro tetrabyte de disco portatil. Hoy día en una casa cualquiera se tiene la capacidad de computación que muchas Universidades no podían soñar a finales de los 80, y la capacidad de almacenamiento del centro de cálculo de un Ayuntamiento de una gran ciudad en los años 90.

Cualquier adolescente que se precie hoy día tiene acceso a todo tipo de librería, revista, libro publicado, mendiante suscripción o de manera totalmente gratuita en cualquier parte del mundo, y con un poco de suerte en todos los idiomas. No sólo el acceso está permitido a libros, discos, películas, pinturas, archivos fotográficos, enciclopedias y demás, sino que también la búsqueda de información parcial o relacional queda al alcance de la mano de cualquiera en cuestión de segundos.

Con este acceso totalmente democrático y de bajo coste a una cantidad masiva de información nos haría pensar que la próxima generación será la más culta, la más curiosa, la más científica, la que tenga más iniciativa y la que sin duda aprenda de manera más rápida. De momento no parece ser así, el personal se dedica a leer la vida de los demás en todos los medios disponibles, sigue lo que dicen solo unos pocos, y así mismo necesita consumir una ingente cantidad de recursos digitales para el hacer de cada día… y para colmo cada día les cuesta más relacionarse en persona… una actividad francamente en declive.

Cuando antes comprabas un LP de los Beatles porque acababa de salir, te suponía un recuerdo que perduraba en el tiempo, era la experiencia de ir a comprarlo, de compartirlo con amigos, de visitarlos, y de escucharlo con otros, para luego volver otro día.

Aguardar unos años depués para poder acceder al siguiente LP o a uno ya publicado que era difícil de encontrar y por el que no sólo había que esperar, sino que encontrar la oportunidad de hacerse con él. Se convertía en toda una experiencia, y vivencia.

Veías las fotos del disco, te leías las letras, te las aprendías, incluso buscabas un diccionario o preguntabas al amigo que hablaba Inglés por el significado de alguna expresión que no comprendías, y te acordabas de ese álbum para siempre.

Hoy cualquier adolescente se descarga la discografía completa de los Beatles en MP3 en menos de una hora. No se la oye completa, y a lo mejor hasta la borra un par de horas después, y decide bajarse la de los Rolling Stones a ver si esta vez acierta. No aprecia el esfuerzo de años de trabajo de una banda irrepetible, histórica, y es más … se queja porque no pudo importarla de manera automática en el itunes… a donde vamos a parar..!

Pedro Manrique

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