Alberto Dow, talento poliédrico (Desagravio literario II)
Nota preliminar: Como expliqué la semana pasada, la siguiente columna es el segundo desagravio literario sobre escritores colombianos destacados en el premio Nadal de literatura, el primero dedicado a Rocío Vélez de Piedrahita y en esta ocasión al polifacético Alberto Dow. Bienvenidos a una vida fascinante.
Uno de los lectores juiciosos de esta columna semanal es el cineasta colombiano Sergio Dow y me hizo caer en cuenta que su padre, Alberto Dow, fue destacado en 1974 en el prestigioso premio Nadal de novela, que cada año la Editorial Destino organiza en Barcelona y que en el caso de los escritores colombianos distinguidos, sólo cuenta con un sobreviviente, el autor y periodista Gustavo Álvarez Gardeazábal, oriundo de Tuluá en el Valle del Cauca, el mismo departamento al cual Alberto Dow consagró sus múltiples talentos, como veremos a continuación.
Alberto Dow, desde antes de nacer ya tuvo una existencia migrante, sus padres de origen libanés habían llegado a Cuba y Alberto nació allí en 1923, posteriormente se trasladaron a Colombia. Su entorno familiar ha estado ligado estrechamente al desarrollo de la medicina en Colombia, como su primo, el barranquillero Salomón Hakim Dow, uno de los científicos colombianos más reconocidos de la historia, al descubrir el síndrome de hidrocefalia normotensiva (llamado también síndrome de Hakim – Adams) e inventar una válvula para su tratamiento, la cual lleva su nombre.
Alberto Dow egresó como médico de la Universidad Nacional de Colombia, en donde paralelamente estudió violín, instrumento del cual era virtuoso. En el campo de la medicina fundó el Centro de Higiene de la Guajira, en el norte del país, pero luego se radicaría en Cali, en donde desarrollaría su carrera profesional y sus pasiones artísticas. Durante su prolífica vida, mantuvo la vocación literaria paralela a la musical.
La primera publicación de Dow fue el cuento 'El hombrecito de la lluvia', en la célebre revista Cromos en 1944, al que le seguirían 'Doce cuentos' en 1948, 'La sangre petrificada: El diablo, el ángel y la mujer' (1951), 'Guandurú el espíritu del mal' (1958), 'Unos años, una noche' (1963), 'El amable señor Viveros' (1964), 'El rey' (1980), 'El pequeño dictador' (1982), 'La nave almirante' (2001), 'Los ángeles y los buitres' (2001). Como dramaturgo, Dow ganó varias veces el Premio Nacional de Teatro y como dato interesante, entre sus reconocimientos, en 1963 compartió el premio Vivencias con el citado Gustavo Álvarez Gardeazábal.
Alberto Dow hizo parte de una generación brillante de intelectuales, artistas, cineastas del Valle del Cauca, que hicieron de Cali el epicentro cultural de Colombia en los años setenta y ochenta, antes de la nefasta aparición del narcotráfico. Estuvo vinculado a la fundación de la Orquesta Sinfónica del Valle y del Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali. En el plano literario, se le considera uno de los pioneros de la ficción moderna en Colombia, incursionando en géneros como el fantástico, el policíaco, la ciencia-ficción y en general lo urbano, distanciándose de lo tradicional rural costumbrista.
En la revista Destino del 11 de enero de 1975, el académico catalán Antonio Villanova mencionó las novelas destacadas de la convocatoria del premio Nadal 1974, citando 'Los ángeles y los buitres' de Alberto Dow, que para el comentarista es una obra que aborda el problema de la violencia política, contando la trágica historia de un pueblo rural en un doble plano narrativo, con tintes autobiográficos, pero también como investigación retrospectiva. Ese año triunfó la novela del argentino Luis Gasulla, 'Culminación de Montoya', llevándose lo que se denominaba entonces, premio Eugenio Nadal.
Para fortuna de los lectores contemporáneos, se acaba de publicar en Colombia, una nueva edición del primer libro de relatos de Alberto Dow, titulado '12 cuentos', que cuenta originalmente con el prólogo de Aurelio Arturo, uno de los mayores poetas de Colombia en su historia y estoy seguro que para los lectores contemporáneos será un verdadero descubrimiento y un acicate para buscar las obras de madurez de Dow. Hace un tiempo, tuve ocasión de leer los relatos del libro 'La Nave Almirante', que en su conjunto me cautivó y que incluye un brillante relato de ciencia-ficción titulado 'Macrópolis'. Para mis amigos y colegas, que estudian y divulgan la ciencia-ficción colombiana, hay que incluir a Alberto Dow entre sus egregios cultivadores.
No puedo olvidar, incluir la incursión actoral de Alberto Dow en el cine, específicamente en el filme 'Carne de tu carne' (1983) del director Carlos Mayolo, sobre la relación incestuosa de dos hermanos que terminan convertidos en vampiros en los años cincuenta, una metáfora de la violencia política de aquella época. Alberto Dow nos dejó en 1990 en su querida Cali, de manera prematura a los 66 años de edad, dejando un nutrido legado de letras.
Deseo agradecerle en grado sumo a mi amigo Sergio Dow, quien suministró todo el material soporte y visual, por darme la oportunidad de escribir, sobre un hombre poliédrico que trascendió su entorno vital, porque sin duda Alberto Dow es uno de esos colombianos, de los que siempre debemos sentirnos muy orgullosos, por su aporte profesional e intelectual.
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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/ En lo que sigue llamando Twitter lo encuentran como @dixonmedellin y explora el cielo azul en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social.