miércoles. 17.08.2022

La guayaba colombiana

"Nos ha tocado vivir en un mundo extraño en el cual un diamante vale más que una guayaba"

En esta columna he hablado del guayabo colombiano y los fieles lectores ya sabrán que esa palabra tiene dos acepciones en mi país, como la resaca que se experimenta luego de una noche de tragos, pero también la más bonita como sinónimo de nostalgia, una especie de melancolía alegre al recordar recuerdos entrañables. Para quienes no la hayan leído, con gusto la comparto en este enlace.

Hoy vamos a hablar de otro guayabo, el más conocido, o mejor la fruta que se deriva del árbol, la guayaba y su singular importancia en la cultura colombiana. Aunque el nombre científico sea psidium, nunca tendría el mismo valor nostálgico que le imprimió Gabriel García Márquez, cuando hablaba del “Olor de la guayaba”. Aquí ya se adivina el cordón umbilical entre esta fruta tropical y los colombianos.

La reminiscencia de la guayaba, me la trae la noticia en EL CORREO DEL GOLFO, sobre dos personas que han terminado en un juicio en el emirato de Sharjah por robar unas guayabas, que entiendo puede parecer una información llamativa o curiosa. Aunque desde otro punto de vista, no debería sorprender, pero nos ha tocado vivir en un mundo extraño en el cual un diamante vale más que una guayaba. Al menos en mi caso, la guayaba me ha proporcionado más momentos de placer, quizás porque no he visto todavía el primer diamante e ignoro si el jugo (o zumo como dicen en España) del diamante sea tan dulce y placentero como el de la guayaba. Al final es un acto de justicia, nunca mejor dicho.

Deseo destacar la gran importancia natural, cultural y económica que tiene la guayaba para los colombianos. Es uno de los productos que más se aprovechan en nuestro país. La cantidad de preparaciones va desde jugos (en agua o en leche), mermeladas, néctares y un surtido de dulces, como la jalea real, el espejuelo y uno muy especial, sobre el cual nos vamos a detener. Además, muchos no saben que es una de las frutas más ricas en vitamina C, incluso por encima de algunos cítricos.

De la guayaba, surge una pequeña maravilla, el bocadillo veleño -en la imagen superior-, bocadillo para los colombianos no tiene el mismo significado que para los españoles, quienes lo identifican como un sándwich o un tentempié que se consume entre las comidas principales. En el caso de Colombia, el bocadillo es un dulce que se deriva de la guayaba, cuya apariencia recuerda al del membrillo español. Se le denomina veleño, porque los más famosos provienen de una bella población colombiana llamada Vélez, en el Departamento de Santander.

"Pocas cosas más ricas en este mundo que probar un bocadillo veleño con queso"

En alguna época, estos dulces de guayaba fueron famosos en el mundo del ciclismo, porque los corredores colombianos, consumían bocadillos veleños durante las duras etapas de las carreras europeas, por su fuente de calorías, vitaminas y nutrientes. Pocas cosas más ricas en este mundo que probar un bocadillo veleño con queso. Cerca de la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores en Bogotá, había una tienda de comestibles (ojalá no haya cerrado por la crisis derivada de la pandemia), cuando terminaba la jornada laboral, antes de regresar a casa, no podía dejar de pasar por ahí, porque vendían un bocadillo con queso, que era algo sublime.

Colombia es uno de los principales productores de guayaba en el mundo, pero no es un gran exportador, dado que buena parte del producto cubre la fuerte demanda local. Para quienes viajen a Colombia en el futuro, les recomiendo probar alguna de esas delicias que se derivan de la guayaba, especialmente el bocadillo veleño. Entenderán porque Colombia es un país tan dulce, en el gusto y en la memoria.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

La guayaba colombiana
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