viernes. 30.09.2022

Juan Gustavo Cobo Borda, redactor de poemas

Profundamente bogotano, fue poeta, editor, periodista y diplomático de ocasión en la época en que los presidentes nombraban en las embajadas a poetas amigos sin trabajo
El poeta bogotano Juan Gustavo Cobo Borda, fallecido el pasado 5 de septiembre. (Fuente externa)
El poeta bogotano Juan Gustavo Cobo Borda, fallecido el pasado 5 de septiembre. (Fuente externa)

“La poesía nace del silencio y vuelve a él. Al silencio del lector que enriquece, con su mirada, esos renglones tan precarios. Por ser lector de poesía me convertí en redactor de algunos poemas. Que se vea en ellos un homenaje de admiración a algunos, eso sí, auténticos poetas. A un país, a una gente y a una lengua. La poesía, lo dije antes, es siempre un acto de gratitud.” Juan Gustavo Cobo Borda (J.G. Cobo Borda por sí mismo). Texto al cual pertenecen los fragmentos resaltados de esta columna.

En cierto intento de poema, hace un montón de años, escribí “Qué triste, tienen que morir los poetas para que los prosistas hablen de ellos, qué paradójico, deben morir los poetas para que los editores publiquen sus versos”. Es el caso del bogotano Juan Gustavo Cobo Borda, quien nos ha dejado el pasado 5 de septiembre. Remarco más bogotano que colombiano, porque así lo fue, Bogotá no sólo está presente como puerto de llegada y salida vital, no sólo hace parte de su biografía, sino más importante de su bibliografía.

 “Bogotá, que era necesario convertir en palabras. Una ciudad que vi cambiar delante de mis propios ojos, derrumbando un pasado honesto en su pobreza y levantando un presente un tanto obsceno en su indecisa pretensión de querer ser moderna.”

Juan Gustavo Cobo Borda, fue poeta (a pesar de su propio autorretrato), editor, periodista y diplomático de ocasión, en la época en que los presidentes nombraban en las embajadas a poetas amigos sin trabajo. Augusto “Tito” Monterroso, el escritor guatemalteco nacido en Honduras, portentoso en sus textos breves, definió a Juan Gustavo Cobo Borda como “una incansable máquina literaria”, pero él mismo no se consideraba tan inmenso. Cobo Borda, nació en Bogotá el 10 de octubre de 1948 y desde muy joven publicó poesía y ensayo, en 1973 dirigió la revista Eco que editaba la librería Buchholz, nombres míticos desde el centro de la capital colombiana. Luego escribiría varios libros de poesía, aunque… 

“Siempre he dicho que escribo (y publico) el mismo libro de poemas con títulos cambiados... De ahí que mis temas predilectos sean el incumplimiento y el fracaso, la mugre y el deterioro. Todos ellos, claro está, cantados con desenfrenada euforia.” 

Egresado de las universidades bogotanas de los Andes y la Nacional de Colombia, desde sus años mozos, comenzó a ser reconocido como gestor y promotor cultural. Los primeros títulos tanto en poesía como ensayo, revelan esa doble visión sobre la naturaleza de las cosas que le caracterizó, una especie de bipolaridad intelectual, “Consejos para Sobrevivir” (1974, poesía), “La Alegría de Leer” (1976, ensayo). 

No conocí personalmente a Cobo Borda, pero lo siento muy cercano, nunca coincidimos en los caminos de la poesía o la diplomacia, pero me une no sólo el hecho de ser otro bogotano errante, sino el tomo humorístico en los textos y la ironía consigo mismo. Interesante rastrear las influencias del poeta bogotano, en la literatura, Cavafis, Rilke, Bretón, Borges, Octavio Paz, Álvaro Mutis, García Márquez; en el cine, West Side Story, El Tesoro de la Sierra Madre, Los Siete Samuráis, El Testamento del Dr. Mabuse, La Heredera de William Wyler, To be or not to Be de Ernst Lubitsch. Aunque decía que sus dioses titulares eran Groucho Marx e Isabel Sarli, “la risa y la carne”. Quien desconozca a Isabel Sarli, puede acudir a Google y descubrir quién o cómo era la actriz argentina, uno de los símbolos eróticos de Suramérica en los años 60.

“Preferí internarme en los terribles laberintos literarios preguntándome, todavía, cómo un adolescente que jugaba básquet empezó a escribir lo que otros llamaban 'versos'. Aún me lo pregunto. Sospecho que por no saber bailar y sudarle las manos. Por no hallar dónde esconderse, midiendo un metro con noventa y tres centímetros. Por soñar lo que no se debe e imaginarse cosas que no le corresponden. Asombrosamente la poesía las logra pero no en el momento que toca. Como toda mi generación, soy un producto norteamericano que se ha vuelto, golpe a golpe, profundamente colombiano.”

Sobre su experiencia diplomática, Cobo Borda aunque decía que fingía (no fungía) como agregado cultural de la embajada de Colombia en Buenos Aires, luego en Madrid, fue embajador acreditado ante Grecia. Ahora bien, todos los diplomáticos colombianos, debemos agradecerle mucho a Cobo Borda, por haber sido el editor de dos obras fundamentales, la Biblioteca Básica Colombiana, cuando trabajó con el Instituto Colombiano de Cultura y la Biblioteca Familiar Colombiana, mientras fue asesor cultural de la presidencia de la República (1996 – 1997), dos colecciones de libros esenciales colombianos, que en su momento se enviaron a todas las misiones diplomáticas y oficinas consulares del país, que sirvió además como donación para bibliotecas y entidades públicas nacionales y extranjeras.

Amigo del poeta mexicano José Emilio Pacheco, seguro le habría encantado haber estado en la inauguración de la biblioteca del Instituto Cervantes en Chicago, que lleva el nombre de aquel. Cobo Borda viajó mucho, pero como me ocurre, siempre volvía a Bogotá, hijo de un español republicano que había peleado en la guerra civil española y una madre colombiana, prima de dos escritores célebres Jorge y Eduardo Zalamea Borda.

Juan Gustavo Cobo Borda había titulado un libro de poesía “Todos los Poetas son Santos e irán al Cielo”, en su caso, aunque él mismo lo habría dudado, seguramente por el peso de Isabel Sarli, es un hecho que independiente del sitio que le haya correspondido tras el suspiro final, tendrá un auditorio que lo estará disfrutando mucho, porque un basquetbolista que no sabe bailar pero que redacta versos, gusta del buen cine y sabe de literatura, no puede defraudar. Descanse en paz o mejor, en poesía.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter en horas no laborales aparece como @dixonmedellin.

Juan Gustavo Cobo Borda, redactor de poemas
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