miércoles. 17.08.2022

Lecciones para usar tapabocas

Es posible que este nuevo elemento del vestido cotidiano nos impida decir más tonterías de las habituales; si nos obliga a pensar antes de hablar, compensará con creces la gran incomodidad de portarlo"

Intento acostumbrarme a usar tapabocas. Estos tiempos que vivimos, exigen que las personas llevemos este nuevo implemento de vestuario, no es un tema de vanidad, ni siquiera de comodidad, es por la seguridad propia y colectiva. Algo que debemos asumir si queremos contribuir a la salud del mundo.

Después de estar varios meses confinado, en aislamiento obligatorio o cuarentena (se podría hacer un glosario, con todas las palabras que nos ha dejado el Covid-19 y que se han vuelto tan cotidianas, como las comidas diarias), regreso a la calle, no sin cierto sentimiento de temor y desconfianza, sabiendo que a pesar de la reapertura gradual, todavía estamos distantes de la “normalidad”, al menos como conocíamos ese estado antes de la pandemia mundial. Pero todo parece nuevo, o al menos, hay ciertos detalles que sí lo son y quién sabe si serán pasajeros, o se quedarán de forma permanente, especialmente en nuestras costumbres globales.

En mi caso me he dejado la barba, la que no acostumbraba a llevar, solo en dos oportunidades pasajeras en el pasado, vamos a ver cuánto me dura en esta ocasión, ni siquiera pensé en llevarla cuando estuve en Abu Dhabi, trabajando en la Embajada de Colombia, lo cual habría tenido mayor sentido, por el significado e importancia que le confieren los árabes al vello facial, lo cual daría para una tesis doctoral en sociología, quizás algún día vuelva sobre el tema, porque realmente es muy interesante. Pero volviendo a nuestro planteamiento, es la constancia personal de los nuevos cambios.

"El aroma de estas mascarillas no es agradable, al menos mientras uno se va acostumbrando; pero, recordando sus ventajas, es un mal necesario"

En el momento en que atravesamos, nos volvemos expertos en el uso del tapabocas o mascarilla, sabemos reconocer las que protegen más, de aquellas que no pasan de ser casi una decoración y que son útiles para el polvo más que para los virus. Dependiendo la actividad que vamos a realizar, el evento al cual vamos a asistir, escogemos el material, el color, el diseño. Como la corbata, el tapabocas, se convierte en otra prenda complementaria del vestuario, pero se torna en mucho más importante, sobretodo desde el punto de vista psicológico, pues sin duda a quien lo porta, le confiere una gran seguridad, de mantenerlo alejado del contagio, que nos rodea en la calle. Además es una barrera, contra la tendencia automática de tocarnos el rostro con las manos.

Nadie puede negar que es un aditamento muy incómodo, en ocasiones las tiras son tan fuertes que terminan lastimando las orejas, sin hablar del olor que algunas producen. Mi esposa Patricia, de nariz delicada, tiende a estornudar cuando viste la mascarilla, lo que imaginarán, es una escena que en un ascensor, puede producir pánico colectivo, alguien estornudando con tapabocas, provoca más de un mal pensamiento. Pero es que el aroma de estas mascarillas no es agradable, al menos mientras uno se va acostumbrando. Pero recordando sus ventajas, es un mal necesario. De hecho, si uno va caminando y ve alguien que viene en contravía sin portar el tapabocas, la inmediata reacción es tomar distancia, aparte de pensar sobre la irresponsabilidad social de esa persona.

Le encuentro una ventaja adicional al tapabocas, es posible que este nuevo elemento del vestido cotidiano, nos impida decir más tonterías de las habituales. Si nos obliga a pensar antes de hablar, compensará con creces la gran incomodidad de portarlo. Al menos en mi caso.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin 

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