Liberarse del reloj

El colombiano Álvaro Moya triunfa en Suiza con su marca relojes Moya Geneve. (Fuente externa)
A pesar de la invención de tantos dispositivos que entre sus múltiples funciones cuentan con reloj incorporado, como es el caso de los teléfonos celulares o móviles y otros artefactos, no hemos podido quitarnos el grillete fino y elegante de la muñeca que sigue marcando nuestra piel con su sombra blanca

Nota preliminar: Rescato este texto, escrito hace algunos años, que no recuerdo si fue publicado en algún sitio real o virtual de los universos paralelos en los que vivimos, pero lo hago a propósito de la crónica publicada en la revista Cambio, sobre la fascinante vida de Álvaro Moya (no somos parientes, a no ser que el tiempo diga otra cosa), relojero colombiano que triunfa en Suiza, con su marca Moya Geneve y como él dice, equivale a un suizo que resultara exitoso cultivando café en Colombia.

Mis amigos saben que desde hace varios años no uso reloj de muñeca, porque intento ser consecuente con lo que predico. Así que no deja de ser una paradoja interesante que haya un Moya que elabora preciosos relojes artesanales y otro que le diga a la gente que se libere de los mismos. Si algún día me ven con un reloj, puede ser el de mi club adorado, Millonarios, regalo familiar que atesoro o porque adquiriera un Moya personalizado (como homenaje al compatriota, que ha logrado el éxito con trabajo y constancia), las únicas posibles excepciones a mi regla particular. Bienvenidos a la lectura.

En época de vacaciones, una de las recomendaciones básicas es liberarse del tiempo, al menos de su manifestación más cercana, el reloj de pulsera. En otras palabras, significa no usar este reloj ni alguno de los dispositivos que nos informan la hora y el día en el que navegamos en este planeta, atravesando nuestra propia existencia. Realmente es liberador, sentir que no necesitamos ver la hora en nuestro reloj de muñeca.

Julio Cortázar en su 'Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj' , demostraba la estrecha relación entre la persona y su reloj de pulsera. En ese breve y genial texto puede verse cómo se invierte la relación sujeto – objeto, transformándose la persona en el objeto a capricho del sujeto – reloj

Una muestra de nuestra dependencia del reloj de pulsera, es que a pesar de la invención de tantos dispositivos que entre sus múltiples funciones cuentan con reloj incorporado como es el caso de los teléfonos celulares o móviles (que cada vez se usan menos para hacer llamadas telefónicas) y otros artefactos, no hemos podido quitarnos el grillete fino y elegante de la muñeca que sigue marcando nuestra piel con su sombra blanca.

Para los que sueñan con revoluciones, la verdadera revolución sería el día en que el hombre se liberara del dios Cronos y su principal agente esclavizador, aquel que nos vigila todo el “tiempo”, llevándonos de la muñeca a cumplir citas, organizar agendas, o simplemente como forma de entretenimiento cuando las demás han dejado de tener sentido, ver pasar el tiempo, lo único que no tiene reversa en este mundo que avanza hacia el final.

Entiendo que esto resulta es inútil. Se trata de una iniciativa estéril, de una empresa imposible, porque siempre habrá motivos para estar atados al tiempo, porque lo vestimos de pulsos de cuero elegantes, de brillantes metales, de finos vidrios, porque creemos en vano que tenemos el poder de encerrar esta infinita dimensión en un pequeño envase, como si fuera posible embotellar el océano en un acuario. Así somos.

De todas formas, se siente muy bien cuando un día de vacaciones uno olvida el reloj de pulsera y no siente angustia por ello, sino todo lo contrario, un alivio incomparable. Así también somos.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/ En lo que sigue llamando Twitter lo encuentran como @dixonmedellin y explora el cielo azul en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social.