Morir solo y famoso

La obra 'Excursión a la Filosofia' de Edward Hopper, el gran maestro que reflejó mejor que nadie el sentimiento de la soledad.
Durante 15 años para la seguridad social siguió vivo y le estuvieron consignando su pensión de jubilación en la cuenta bancaria de la cual se pagaban automáticamente los servicios públicos e incluso una deuda que llegó a saldar en muerte

El año pasado, leí una crónica periodística de Joaquín Gil en El País de España, que me impactó y ahora rescato durante esta Semana Santa, honrando la tradición de reflexión que debe caracterizar a estos días, o al menos, eso pensamos algunos. Una historia de muerte, aislamiento e incomunicación, que nos puede servir para replantearnos algunas cosas de nuestra cotidianidad.

Se trata de la historia de un hombre discreto y distante, que falleció en completa soledad y su cuerpo se mantuvo durante 15 años en su estancia, sin que sus vecinos se percataran de su muerte, pero tampoco de su prolongada ausencia. Ni siquiera fue motivo de preocupación, durante la temporada en que se descompuso el cuerpo y el hedor tuvo que haber sido terrible, aunque parece que la ubicación del apartamento y que alguna ventana que permaneció abierta pudo haber disipado la sensación.

Esto pasó en Valencia, España, en un humilde sector de la ciudad, pero es la crónica de lo que ocurre en cualquier lugar del mundo. En Chicago, en donde residimos con mi esposa durante varios años, nuestros vecinos eran en buen número, personas de edad avanzada que vivían solas. En los Estados Unidos, es habitual que los hijos abandonen de manera temprana el hogar paterno y los padres se queden solos en sus casas o se trasladen a residencias para gente mayor, por lo cual, no eran extrañas las noticias de gente que fallecía y sus vecinos alertaban a las autoridades por el mal olor que trae la muerte sin su trámite burocrático posterior. La muerte también debe gestionarse.

Regresando al caso que originó este escrito, refleja muy bien el peso de la soledad. Al parecer, el hombre no era el más simpático, ni popular en su vecindario. Sólo cuando apareció la noticia en diferentes medios de comunicación, que resaltaban lo macabro del hallazgo, algunos de los vecinos, recuperaron la memoria de aquel jubilado solitario, otros definitivamente lo habían borrado de sus recuerdos.

A propósito del tema, en la clase de francés del Máster de Diplomacia que estoy tomando, la profesora compartió con los estudiantes, que había leído que en un país nórdico y en medio de la guerra desatada por Rusia contra Ucrania, tras la preocupación surgida entre las naciones vecinas, el gobierno envió a los ciudadanos diversas recomendaciones en caso de emergencia, una de las prioritarias era mantener relaciones cordiales con los vecinos.

Pero el relato no termina aquí, una explicación para que nadie investigara lo sucedido con aquel hombre, es que, para la seguridad social seguía vivo, pues durante aquellos 15 años, le estuvieron consignando su pensión de jubilación, en la cuenta bancaria de la cual se pagaban automáticamente los servicios públicos e incluso una deuda que llegó a saldar, en muerte. Es decir, que podía ser un hombre algo huraño, pero que cumplía sus obligaciones puntualmente, incluso después de difunto.

Para redondear la historia, otra de las paradojas de la noticia del hombre muerto, es que su apellido era Famoso, Antonio Famoso su nombre completo. Es probable que, en el otro mundo, Don Antonio no se encuentre contento, al saber que contraria a su naturaleza reservada e introvertida, se ha convertido en un célebre fallecido.

------------------------------

Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/ En lo que sigue llamando Twitter lo encuentran como @dixonmedellin y explora el cielo azul en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social.