jueves. 25.04.2024

La música y los ruidos

"Si hay algo que me ofende son los ruidos de la gente en pleno concierto de música clásica"
La Orquesta Filarmónica de Bogotá ha regresado a su casa, el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia. (Fuente externa)
La Orquesta Filarmónica de Bogotá ha regresado a su casa, el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia. (Fuente externa)
Voy a referirme a la experiencia de conciertos de música clásica a los que asistí este año en dos ciudades que quiero mucho, Chicago y mi natal Bogotá, para referirme a lo sublime de la música que en ocasiones debe enfrentar los ruidos accidentales e involuntarios que son perfectamente excusables, así como otros que deben ser censurados, los que produce gente sin conciencia, ni asomo de educación o recato.

Con mi esposa Patricia, asistimos a un concierto abierto al público en el Pabellón Pritzker del Millenium Park en Chicago, en su programa cultural de verano, realizado por la Grant Park Orchestra dirigida por Carlos Kalmar, quien fue conductor de la orquesta de Radio Televisión Española, durante varios años. El concierto al ser en un escenario al aire libre no estuvo exento de ruidos externos, algunos de los cuales, resultaban incluso simpáticos, como un cuervo que parecía reírse de los asistentes. Los visitantes o turistas que entraban y salían, o los que veían el concierto, como si estuvieran viendo un partido de béisbol, comiendo y bebiendo.

Dos sonidos extremos, un avión supersónico, que ensayaba para ser parte de un espectáculo aéreo ese fin de semana y una ambulancia que, con su quejido, le añadió dramatismo a la interpretación del pianista. Sin embargo, esos ruidos en cierta forma estaban previstos por la naturaleza del concierto libre y gratuito para los chicagüenses y visitantes de la ciudad.

Auditorio_Leon_de_Greiff
Perspectiva interior del auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia. (Fuente externa)

Una de las mejores noticias que hemos recibido este año, los melómanos bogotanos, ha sido el retorno de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, a su casa, el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, luego de casi un año de remodelación del gran espacio cultural, que es uno de los espacios de reunión e integración más entrañables para quienes hemos pasado por las aulas de la querida Alma Mater.

El regreso de la Filarmónica se dio por todo lo alto, con la presentación de Orlin Petrov en un Concierto para Oboe de Haydin y como broche de oro la Sinfonía No. 9 en Re Mayor de Mahler, bajo la dirección de Joachim Gustafsson. Fue la oportunidad de hacer un homenaje al profesor Jorge Arias de Greiff, una institución en sí mismo y sobrino del gran poeta cuyo nombre es la razón social del auditorio, pero en otra columna hablaremos de León de Greiff y una familia que le ha dado tanto a Colombia en la literatura, la ciencia, la música y el ajedrez. Hoy me interesaré por los ruidos.

Las presentaciones fueron sobresalientes y a quienes nos gusta la buena música, nos deleitó el oboe del Maestro Petrov, así como descubrir una sinfonía que tiene momentos sublimes y otros inquietantes, pero posiblemente porque la entrada fue libre y gratuita, llegaron muchos espectadores, no habituales a este tipo de conciertos, pues el coro de toses, que siempre acompaña estos eventos, especialmente en los espacios de silencio, entre movimiento y movimiento, se intensificó, parecía que tuviéramos una pequeña pandemia en sala.

Al terminar el tercer movimiento, simultáneamente desde varios lugares se levantaron algunos de los asistentes, para buscar la salida, provocando murmullos generalizados, lo que incluso motivó a que el director se girara para ver lo que ocurría. Imposible saber lo que habrá pensado el dueño de la batuta, seguramente no se le ocurrió pensar que los desertores estaban cansados y debían tomar el autobús para regresar a casa. ¿Se habrá preocupado pensando que estos asistentes no estaban conformes y protestaban saliendo del auditorio?

Suelo ser muy tolerante y paciente en mi vida cotidiana, creo que es la mejor fórmula para vivir unos años extra, pero si hay algo que me ofende son los ruidos de la gente en pleno concierto de música clásica, me parece una gran falta de respeto e intolerancia, que se hable, se murmure o se hagan preguntas en plena presentación. Pienso en mi querida sobrina Sara Lucía quien es violinista, concertina en la orquesta de su colegio y no me gustaría que le hicieran ese tipo de bochinches en sus conciertos.

Pero además no tiene sentido, porque cuál es la lógica de alguien que ha comprado una boleta, o hecho una fila interminable, para llegar a charlar con otra persona, o hacer ruidos con su teléfono celular, simplemente me resulta incomprensible. En cualquier caso, seguiremos asistiendo y disfrutando de espectáculos, como los que ofrecen los sábados en el auditorio León de Greiff, la querida Orquesta Filarmónica de Bogotá.

Considerando las fechas navideñas que nos rodean y el año nuevo que está a punto de golpear en la puerta, le deseo todo lo mejor a la familia de EL CORREO DEL GOLFO, incluyendo a los apreciados y pacientes lectores de esta columna. Que siempre haya buena música en sus vidas y menos ruidos. Felices Fiestas!

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter (a ratos muy escasos) trina como @dixonmedellin.

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