jueves 9/12/21

La seguridad en el Golfo

"Es un aspecto que echo de menos del Golfo. Sabes que no te van a robar, ni atracar ni agredir"
Imagen de una calle de Deira en Dubai. (EL CORREO)

Cuando nos preguntan a quienes hemos vivido en el Golfo sobre los aspectos positivos de aquella zona, la cuestión de la seguridad es uno de los puntos a destacar. Siempre sabías que no ibas a sufrir ningún tipo de agresión, ni de robo, ni de ataque. Yo, personalmente, caminaba por cualquier parte (dentro de lo que la ciudad se dejaba caminar) y a la hora que fuera, sin ningún tipo de miedo y con la seguridad de que nada malo iba a suceder.

Cuando llegué no se cerraban las casas con llave (ni para dormir). Ni los coches, aunque hubiera enseres a la vista. Era fácil ver a la gente en el supermercado dejando el bolso dentro del carro y alejándose de este con frecuencia. Allí puedes tener el móvil encima de la mesa en cualquier terraza, por concurrida que esté. Cuando viajas a tu país, al menos yo lo hacía al venir a España, pulsas un interruptor que hay en el interior del cerebro y comienzas a estar alerta, especialmente, en las grandes ciudades y en los espacios más concurridos. Yo, que solía viajar con Turkish Airlines y hacía escala en Estambul, cambiaba el chip rápidamente y me tensaba para no perder aviones y para vigilar todas mis pertenencias durante las escalas. 

Cuando buscaba empleo, me citó una empresa para realizar una entrevista de trabajo, en la parte más vieja de la ciudad (y no me refiero a antigua, sino a vieja, con toda la carga peyorativa que la palabra conlleva). Encontrada la calle, hacía falta llegar al edificio que, por cierto, no tenía número. No había mujeres por allí y si pasaba alguna llevaba hijab. Los hombres, en su mayoría de origen asiático, vestían con un pareo a modo de falda y me miraban con extrañeza. ¡Qué incómoda y fuera de lugar me sentí! Los tacones y la americana que me puse para la entrevista no eran el atuendo más apropiado para recorrer esa zona. El caso es que llegué al edificio en cuestión y al ver el soportal mi moral se vino abajo. ¡Tanto esfuerzo para encontrarme ese antro! Pensé rápido y me recordé a mí misma que el país era seguro, sobre todo, para las mujeres, a las que la ley y la sociedad protegen con especial ahínco por razones culturales y religiosas. Antes de subir las mugrientas escaleras, le envié un mensaje a un amigo. "Luis, si en unas horas no te digo nada, da parte a la policía". Tenía muy claro que en España no habría entrado en aquel lugar. Pero allí sí lo hice. Sin miedo. Con un poco de asco, eso sí. Y cuál fue mi sorpresa cuando encontré el despacho en el segundo piso. ¡Existía! Era una empresa de ingeniería y necesitaban un arquitecto. Yo hice la entrevista por poder contar la anécdota en el futuro, pero no me emocionaba quedarme con ellos. La moqueta estaba rota y las paredes desconchadas. El que me entrevistó era agradable, pero yo no habría aceptado. Aunque creo que fueron ellos quienes nunca me llamaron. 

El caso es que el país era seguro. Yo lo valoraba y personas de otros orígenes lo apreciaban todavía más. Por ejemplo, mi jefa me contaba la inseguridad que se vivía en su país de origen, en Sudáfrica y al escucharla yo me di cuenta de que en España no estábamos tan mal. Allí tienen guardias de seguridad en los compounds, las agresiones son muy  habituales y me explicaba que al parar el coche en un semáforo podían abrir el asiento trasero y raptar a tus hijos.  

Y sí... este es un aspecto que echo de menos del Golfo. La seguridad y la confianza que ello te proporciona. Sabes que no te van a robar, ni atracar ni agredir. El coche seguirá en su sitio siempre, aunque lo dejaras abierto y hasta arrancado. Y no necesitas ningún tipo de alarma ni rejas en casa. No va a suceder nada. Y eso es, desde luego, calidad de vida

La seguridad en el Golfo
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