jueves. 13.06.2024

¡Ramadán Mubarak!

Cada vez que escucho la canción 'Sólo le pido a Dios', compuesta por el cantautor argentino León Gieco y versionada por renombradas voces de este tiempo -Víctor Manuel, Ana Belén, Mercedes Sosa, Serrat, Bruce Springsteen, Shakira, Paulina Rubio…- siento que algo no va bien cuando llega a la estrofa en la que dice "desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente". Así lo han proclamado millones y millones de gargantas desde 1978 y yo, lo reconozco, estoy en total desacuerdo. Cierto que pueden existir mil motivaciones para que alguien deje el lugar que le vio nacer y crecer, pero ni considerando las circunstancias más dramáticas conocer nuevos países y adentrarse en sus costumbres y en su “cultura” puede ser un factor negativo. Y mucho menos implicar que uno se vea “desahuciado”. Al contrario, “vivir una cultura diferente” es enriquecedor. Abre la mente, despeja interrogantes y dudas, ayuda al entendimiento y favorece la tolerancia. Quizás habría menos conflictos si unos escucháramos las razones de los otros, si nos zambulléramos sin prejuicios en el mundo del vecino. Y esto no quiere decir que no haya por ahí mala gente, que la hay, sino que es posible establecer denominadores comunes sobre los que levantar pilares de convivencia.

Hace justo un par de años tuve el privilegio de recorrer Irán de norte a sur, desde la frontera con Turquía y Armenia, allí a los pies del Monte de Ararat, el pico donde tras el diluvio universal se posó el Arca de Noé, hasta Bandar Abbas, el puerto iraní en el Golfo situado justo frente a las costas de Ras Al Khaimah. Y lo que encontré, salvo excepciones que en todos los lugares existen, fueron personas muy hospitalarias y siempre dispuestas a ayudar. Más de dos mil kilómetros de normalidad y buenas intenciones que nada tienen que ver con la imagen que de Irán se tiene en Occidente. Será por eso que, mientras paseaba sobre el puente Si-o-se Pol de Isfahán, unos jóvenes e ilustrados iraníes que hablaban español con los que me crucé me dijeron que los occidentales pensábamos que todos los iraníes son terroristas. Y la cantinela me suena.

Estas reflexiones me asaltan en mi calidad de emigrante, de persona que ha marchado a "vivir una cultura diferente" pero que en modo alguno se siente desahuciada. A lo que aspiro es a integrarme. Y para ello ni tengo que olvidar mis raíces ni cambiarme de bando, exclusivamente comprender y respetar la vida de los ciudadanos que me rodean. Y se da el caso de que unos son emiratíes y otros indios, pakistaníes, filipinos, libaneses, británicos, franceses, australianos, colombianos o españoles.

Ramadán es un buen momento para pensar en ello. Y también para mostrar el respeto que se merece la tierra que nos acoge y que nos permite desarrollar proyectos y profesiones. El castellano, la lengua sobre la que se construye este periódico, deja claro que "de bien nacido es ser agradecido", un refrán que recuerda la importancia de la gratitud y también que las personas debemos tener memoria para reconocer a quienes nos han ayudado. Y en estas fechas lo mínimo que podemos hacer es desearles ¡Ramadán Kareen! ¡Ramadán Mubarak! Va por todos.

¡Ramadán Mubarak!