16 de abril de 2026, 7:34
El representativo Burj Al Arab, símbolo indiscutible del lujo y la ambición arquitectónica de Dubái desde su inauguración en 1999, cerrará sus puertas durante 18 meses para someterse a una profunda restauración que promete preservar y actualizar sus legendarias características. Construido sobre una isla artificial que tardó más en completarse que el propio hotel, este rascacielos en forma de vela blanca ha marcado un antes y un después en el turismo mundial.
El ingenioso diseño incluye una fachada de doble membrana de fibra de vidrio recubierta de teflón, capaz de iluminarse y proyectar imágenes, y unos interiores revestidos con más de 1.000 metros cuadrados de pan de oro de 24 quilates. Además, alberga un restaurante “submarino” que simula una inmersión bajo el mar gracias a un acuario de un millón de litros de agua, y ofrece a sus huéspedes opciones de descanso entre 17 tipos distintos de almohadas.
Cada suite es dúplex, destacando la Suite Real con ascensor privado y una emblemática cama giratoria. Su helipuerto, situado a más de 200 metros de altura, fue escenario de eventos deportivos y exhibiciones que catapultaron al hotel a la fama mundial mucho antes de la era digital. El imponente atrio, uno de los más altos del mundo, se encuentra en el espacio central entre sus dos alas de hormigón.
Este cierre temporal plantea interrogantes sobre cuáles elementos permanecerán intactos y cómo la renovación adaptará el establecimiento a las exigencias del lujo contemporáneo, mientras Dubái continúa consolidándose como referente global del turismo exclusivo.
El ingenioso diseño incluye una fachada de doble membrana de fibra de vidrio recubierta de teflón, capaz de iluminarse y proyectar imágenes, y unos interiores revestidos con más de 1.000 metros cuadrados de pan de oro de 24 quilates. Además, alberga un restaurante “submarino” que simula una inmersión bajo el mar gracias a un acuario de un millón de litros de agua, y ofrece a sus huéspedes opciones de descanso entre 17 tipos distintos de almohadas.
Cada suite es dúplex, destacando la Suite Real con ascensor privado y una emblemática cama giratoria. Su helipuerto, situado a más de 200 metros de altura, fue escenario de eventos deportivos y exhibiciones que catapultaron al hotel a la fama mundial mucho antes de la era digital. El imponente atrio, uno de los más altos del mundo, se encuentra en el espacio central entre sus dos alas de hormigón.
Este cierre temporal plantea interrogantes sobre cuáles elementos permanecerán intactos y cómo la renovación adaptará el establecimiento a las exigencias del lujo contemporáneo, mientras Dubái continúa consolidándose como referente global del turismo exclusivo.
