martes. 21.05.2024

Su padre, Salman, aterrizó en Madrid en 1968. Acababa de abandonar los campamentos de refugiados palestinos de Tulkarem, en la Cisjordania ocupada, donde había nacido en 1950. Dos años antes, su familia había sido expulsada de su pueblo por el Ejército israelí en aquel año negro donde más de 600 enclaves palestinos fueron barridos por los colonos judíos para levantar sobre sus escombros el Estado hebreo. De aquel pueblo solo queda la memoria.

Salman se crio en aquel océano de tiendas de campaña sostenidas por la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA). Sus vidas pendían de la ayuda humanitaria. El sustento, la sanidad, los colegios. Allí curtió el joven Salman y sus catorce hermanos su biografía arrebatada. Con 16 años combatió en la Guerra de los Seis Días, que se saldó con una nueva y dolorosa derrota que hundió más, si cabe, al martirizado pueblo palestino.

Con 18 años llegó a España para estudiar Medicina. No sabía una palabra de castellano. Fue entonces cuando se encontró con una mujer joven en la Puerta del Sol que, por fin, chapurreaba algunas palabras de inglés y le indicó el camino más corto para llegar a Malasaña. Salman le agradeció su amabilidad y la chica enfiló por la calle Preciados hacia Callao. El joven refugiado palestino no supo cómo, pero un pálpito le decía que debía seguirla y pedirle el número de teléfono para tener alguien con quien conversar. Así lo hizo. Y, antes de que se perdiera por las escaleras del metro, se dirigió tembloroso a ella.

Aquellos dos jóvenes de Callao son los padres de Marwan Abu Tahoun Recio, conocido popularmente como Marwan, que hoy es uno de los cantautores más aplaudidos de España y Latinoamérica. Y aquel instante mágico ha sido inmortalizado por su hijo en un emocionante texto titulado ‘La más bella historia’, como un pequeño tributo a quienes años después le regalaron el don de la vida.

Marwan nació en el madrileño barrio de Aluche en marzo de 1979. Su infancia transcurrió como la de decenas de miles de niños españoles. Con una pequeña diferencia. Pronto supo que sus apellidos no eran como los de sus compañeros de clase. Y que su padre había nacido a más de 3.500 kilómetros en algún lugar de Oriente Medio. “Yo sabía desde niño que éramos árabes”, asegura Marwan en conversación telefónica con EL CORREO DEL GOLFO. “Y la historia de refugiado de mi padre la fui conociendo poco a poco. Supe lo dura que había sido su vida y las penurias que había tenido que pasar. Una vida de ocupación y de absoluta miseria. Una vida que para nosotros sería absolutamente impensable”.

Marwan, en una imagen promocional. (Fotografía: Anita Mañez)
Marwan, en una imagen promocional. (Fotografía: Anita Mañez)

Su padre eligió España como destino al igual que miles de árabes en los años sesenta y setenta. Según Marwan, el de Franco era un régimen “racista”, que “odiaba a los judíos”, razón por la cual recibía a los árabes con “cariño”. Salman no llegó a terminar la carrera de Medicina, pero acabó instalándose en España y forjando una familia, que ha durado hasta hoy.

Marwan nunca aprendió árabe. Intentó estudiarlo de niño, aunque pronto desistió. “Me da pena, porque me hubiera gustado muchísimo aprenderlo”, lamenta. Su origen árabe lo condicionó desde el principio. “Lo típico”, admite. “España es un país donde a ciertas personas se les acoge y a otras no. En algunos momentos he vivido algunas situaciones de racismo, pero han sido pocas a lo largo de mi vida”.

Comenzó a escribir canciones con 18 años. “Por necesitad”, subraya. “No hay más razón que esa”. Sus referentes fueron Serrat, Sabina, Pedro Guerra y los cantautores españoles de la segunda mitad del siglo XX. Primero llegaron las canciones y después la poesía. “Yo soy cantante”, enfatiza. “Y, a raíz de eso, también he publicado poemas”. Estudió Educación Física y, cuando terminó la carrera, trabajó unos cuantos años antes de lograr ser autosuficiente con sus canciones.

En casa escuchaba música árabe. Y muchas de aquellas insólitas canciones orientales le gustaban. Pero no lo suficiente. Su influencia creativa nacía de la música española. Al fin y al cabo, en España había nacido y allí cultivó sus preferencias y sus emociones más íntimas. “Los cantautores españoles son los que me emocionaron en su momento y los que provocaron en mí un alumbramiento para empezar a crear”, explica.

En 2001 publicó su primer disco, ‘Principio y fin’. Tenía 22 años. Tres años después, la televisión publica española TVE eligió una canción suya como tema principal para la seria ‘Palabra por Palabra’. Su popularidad fue ascendiendo con paso firme hasta que en 2017, ya con la discográfica Sony Music, firmó 200 conciertos en un año. En 2020, rindió un emocionante homenaje a su padre en la portada de su CD ‘El viejo boxeador’. “Es un disco que habla del concepto de resiliencia. De salir adelante y superar los obstáculos que nos pone la vida. De crecer a pesar de todo ello. Y me parece que mi padre reflejaba muy bien ese espíritu del viejo boxeador que se cae y se levanta a pesar de todo”.

Ahora está a punto de sacar su sexto trabajo discográfico: ‘Canciones para una urgencia’. En el disco actualiza buena parte de sus éxitos para celebrar el veinte aniversario de su carrera. Y lo hará acompañado de buenos amigos: Rozalén, Jorge Drexler, Miguel Poveda, Mikel Izal, Coti o Nach. “Es un disco muy bonito porque reúno lo mejor de mi discografía. Y todas esas canciones las llevo al sonido de 2023”, revela Marwan.

-¿Siente vértigo veinte años después?

-La verdad es que no. Uno siempre tiene la sensación de que está empezando.

La primera vez que pisó suelo palestino era un crío. Apenas recuerda aquel viaje. Sí tiene una memoria más nítida del segundo. “Lo recuerdo con mucha emoción. Visitamos muchos lugares y disfrutamos de la arquitectura, las costumbres y la comida. También lo pasé mal cuando veía las cosas que les hacían a los palestinos. Los ‘check points’ y los continuos controles en las fronteras”, lamenta el cantautor hispano-palestino. Luego ha ido otras muchas veces.

Su padre conserva familia en Tulkarem, aunque gran parte de sus hermanos y sobrinos emigraron a Jordania, Kuwait e Irak. El campamento de refugiados donde nació, el segundo más grande de Cisjordania, se ha convertido con el paso de los años en un núcleo de población. Ya no hay tiendas de campañas y son áreas urbanizadas, aunque precarias.

-¿Se siente palestino?

-Me siento árabe y, por supuesto, mitad español y mitad palestino. Tengo mucha influencia de la cultura árabe y también de la española. Pero rehuyo de los sentimientos patrióticos, porque suelen ser excluyentes. Dicho esto, claro que tengo unas raíces palestinas a las cuales amo totalmente. Palestina es un lugar que me emociona. La lucha del pueblo palestino me emociona y la llevo como bandera en mis canciones y en mis poemas. Y hago todo lo que puedo para ayudar a los refugiados palestinos. Mi padre es uno de ellos y yo también me siento parte de ellos.

-¿Qué futuro imagina para Palestina?

-Me gustaría un futuro de paz y de convivencia. La justicia ya es absolutamente imposible, porque ha habido demasiadas atrocidades.

“Me siento parte de los refugiados palestinos”