sábado. 01.10.2022

El nuevo Papa es argentino y jesuita: el cardenal bonaerense Jorge Mario Bergoglio. Los cardenales electores han tardado en esta ocasión en elegir al Sumo Pontífice, que tendrá el nombre de Francisco I, casi lo mismo que en 2005 cuando designaron a Joseph Ratzinger. Precisamente, la renuncia de Benedicto XVI fue la que abrió las puertas para este nuevo cónclave del siglo XXI, algo que no había ocurrido en 600 años.

Jorge Mario Bergoglio, el único jesuita que participaba en el cónclave, podría considerarse una sorpresa ya que su nombre no figuraba entre los favoritos de este cónclave. Los nombres más citados por los expertos, eran los de un italiano, el arzobispo de Milán, Angelo Scola, de 71 años, y tres prelados del continente americano: el brasileño Odilo Scherer, de 63 años, arzobispo de San Pablo y considerado el candidato de la curia; del canadiense Marc Ouellet, prefecto de la congregación para los Obispos y discípulo de Benedicto XVI; y del mediático estadounidense Timothy Dolan, de 63 años y arzobispo de Nueva York.

Su edad actual -76 años- y ciertos achaques de salud parecían restarle posibilidades. Pero en medio de la incertidumbre sobre el posible sucesor de Benedicto XVI y tras su intervención en el plenario de cardenales, que recogió entusiastas aplausos, su candidatura ganó muchos enteros. La mayoría de los cardenales decidió que tiene las condiciones para renovar la cuestionada curia y producir un soplo de aire fresco en la Iglesia católica que enfrenta una crisis con múltiples aristas.

Francisco I deberá adoptar reformas, simplificar sus estructuras, introducir nuevas maneras de tomar decisiones en forma colegial y sobre todo hacer limpieza en sus finanzas por las críticas a la falta de transparencia en la gestión de su banco, el Instituto de Obras de Religión (IOR).

También tendrá que responder a los escándalos que estallaron durante el último pontificado, como el de los abusos sexuales a menores o el caso 'VatiLeaks' de filtración de documentos confidenciales del pontífice que terminó por revelar una trama de abuso de poder en la Curia, el gobierno central del Vaticano.

Tras la fumata blanca, Bergoglio salió al balcón para impartir su primera bendición "urbi et orbi" (a la ciudad y al mundo) vestido por primera vez con la sotana blanca papal. Bergoglio rezó el Padre Nuestro y pidió que la Virgen María acompañe al papa renunciante Benedicto XVI. También rezó el Ave María.

Poco antes, Bergoglio, que tuvo que aceptar el cargo para que saliera el humo blanco, fue llevado a la Sala de las Lágrimas, donde fue vestido con uno de los tres trajes -de diferentes talles- que esperaban al nuevo pontífice.

Miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro celebraron con júbilo la fumata, mientras las campanas de la basílica empezaban a repicar para festejar la noticia, tal y como manda la tradición. "Viva el Papa, viva el Papa", fue el grito que estalló en los alrededores del Vaticano. Cuando se supo la identidad del Papa gritaron: “Argento, argento”.

Esta vez fueron necesarias cinco votaciones para que la Iglesia tuviera nuevo líder. En 2005, cuando eligieron a Ratiznger, el cardenal alemán resultó ganador en la cuarta. En la primera había sacado 47 votos; en la segunda 65; en la tercera 72. Fue elegido como Benedicto XVI en la cuarta, con 84 votos. El total de cardenales electores, menores de 80 años, era de 115, como ahora. Las cuatro votaciones duraron en horas menos de un día en aquella ocasión. En aquel entonces, Bergoglio había sido el segundo candidato más votado. Tuvo que esperar 8 años más para llegar a lo más alto de la Iglesia católica.

El nuevo Papa deberá ejercer sus funciones con su predecesor en vida -Benedicto XVI quien renunció a su cargo el 28 de febrero-. Este pontificado marca el inicio de una nueva Era para la Iglesia católica, sacudida en los últimos años por escándalos y controversias.

Argentina ha recibido la noticia con sorpresa y enorme emoción por tratarse de uno de los grandes países católicos y por ser Francisco I el primer Papa jesuita y también el primer Papa hispanoamericano. Su designación  fue recibida con una prolongada ovación y aplausos de centenares de fieles que se encontraban en misa en la Catedral de Buenos Aires, según informa el diario argentino Clarin. Tras la sorpresa inicial, unos 200 feligreses ovacionaron al nuevo Papa Francisco I, mientras decenas de personas y móviles de televisión se acercaban a la Catedral, frente a la histórica Plaza de Mayo.

Arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina, Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en el seno de una familia modesta de la capital argentina, hijo de un trabajador ferroviario de origen piamontés y de un ama de casa. Egresado de la escuela secundaria como técnico químico, al cumplir 22 años se une a la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola, donde estudia Humanidades y obtiene una licenciatura en Filosofía.

Aunque no se formó bajo la orden de los franciscanos, Bergoglio eligió el nombre de Francisco de Asís, el hijo de un rico comerciante que decidió servir a Dios y vivir bajo la más estricta pobreza y observancia de los Evangelios. La opción por los pobres era la única para este santo italiano y parece que serán los preferidos por el argentino durante su pontificado.

El nuevo papa, Francisco I, tiene, según el diario Le Monde, "una salud frágil: vive con un único pulmón desde que sufrió, con 20 años una operación". Bergoglio era cardenal desde el año 2000, y se ha ganado el respeto de la población de Buenos Aires.

Se traslada en metro y en autobús. Denuncia la corrupción y suele pasar los fines de semana en las parroquias de las zonas más desfavorecidas de Buenos Aires. Y también es hincha del equipo de fútbol de San Loreno de Almagro.

Llegó al sacerdocio a los 32 años, casi una década después de perder un pulmón por una enfermedad respiratoria y de dejar sus estudios de química. Pero pese a su ingreso tardío, en menos de cuatro años llegó a liderar la congregación jesuita local, un cargo que ejerció de 1973 a 1979. Su ascenso coincidió con uno de los períodos más oscuros de Argentina, lo que le deparó fuertes críticas: la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1982.

El cuestionamiento remite al secuestro de dos jesuitas detenidos clandestinamente por el gobierno de facto por hacer tareas sociales en barriadas de extrema pobreza. Según la acusación, Bergoglio les retiró la protección de su orden religiosa. Ambos párrocos sobrevivieron a un encierro de cinco meses.

 

Habemus Papam: Francisco I, jesuita y argentino
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