domingo. 16.06.2024

La mujer en el espacio árabe ha desempeñado un papel crucial desde la Edad Media. Ha ejercido un rol insustituible en el parto y lactancia de los niños, y se ha erigido en pieza central del sustento familiar: desde la provisión de la alimentación hasta el apoyo afectivo, la educación, el cuidado físico y sanitario o el trabajo doméstico. Pero no únicamente. También ha ejecutado desde tiempos remotos trabajos remunerados tipificados por la cultura dominante como “productivos”: panaderas, cocineras, hilanderas, peinadoras o empleadas del servicio doméstico.

Así lo demuestra un estudio publicado por Carmen Garratón Mateu, investigadora de Estudios Árabes Contemporáneos de la Universidad de Granada (España), en un artículo titulado ‘Trayectorias laborales de mujeres en el espacio árabe’. El trabajo ha sido incluido en la revista científica Al Andalus Magreb y alude a otros tres artículos, también insertados en el mismo volumen, firmados por Desirée López Bernal, Carmelo Pérez Beltrán y Rosa Salgado Suárez.

El texto reflexiona sobre los espacios laborales ocupados por las mujeres árabes a lo largo de la historia desde una perspectiva de género y ofrece una visión renovada y crítica sobre el rol que se le ha atribuido por el marco de pensamiento patriarcal. Carmen Garratón se propone visibilizar el “papel activo de la mujer” no solo en el trabajo productivo sino reproductivo. “El discurso dominante, sin una perspectiva de género, no tiene en cuenta la labor de la mujer en el sector informal”, afirma la investigadora.

Ni las estadísticas oficiales ni los análisis económicos convencionales han detectado las actividades laborales desarrolladas por las mujeres en distintos contextos árabes, indica la profesora de Estudios Árabes. Las mujeres que operan en el “sector informal” no han sido tenidas en cuenta nunca en los registros de actividad. Justamente para evitar esa invisibilización, defiende Carmen Garratón, es necesario aplicar la perspectiva de género en los estudios sobre la trayectoria laboral femenina.

En este sentido, cita a la socióloga y feminista marroquí Fatima Mernissi, que en 1999 aseguró lo siguiente: “Las mujeres musulmanas han estado presentes siempre en la sociedad y donde no aparecen es porque han sido ocultadas”. La autora del artículo es crítica con algunas visiones del islam que efectúan una lectura “sesgada”, “incorrecta” y “misógina” del texto sagrado para establecer un modelo de relaciones personales donde el hombre ejerce la “autoridad” y la “manutención” del núcleo familiar.

Y se apoya en tres artículos, también incluidos en la revista, que atestiguan que las mujeres han desempeñado ocupaciones laborales para contribuir a la economía familiar y de subsistencia. En la actualidad, argumenta Carmen Garratón, las sociedades árabes están protagonizando un creciente proceso de mutación en la dirección de un mayor reconocimiento público de la igualdad. Hoy las mujeres árabes tienen una “mayor capacitación profesional”, aunque el acceso femenino a las esferas del poder “sigue siendo limitado”. Y agrega: “Hay que seguir trabajando para eliminar los techos de cristal y las barreras aún existentes para lograr la igualdad real y aprovechar todo el potencial femenino”.

El artículo de Desirée López Bernal se titula ‘Escenas y percepciones del trabajo remunerado femenino en la literatura de adab’. En el texto, reconstruye la vida cotidiana en la Edad Media y muestra en qué tipo de trabajos remunerados era frecuente observar la presencia de mujeres. La de hilandera constituía una ocupación típicamente femenina para la cual las mujeres estaban “especialmente dotadas”. Además era una actividad que podía ser desempeñada en el ámbito privado. En su investigación, López Bernal rescata muchas referencias a las peinadoras o a las cuidadoras del cuerpo de otras mujeres.

Existía un “cierto consenso social” con respecto a estos “trabajos de mujeres” y no se generaba un rechazo social en las comunidades de la época. Pero se producía un fenómeno paradójico: la subversión del orden social cuando los hombres no tenían ingresos y la familia se sostenía con la única fuente económica de la mujer. Se trataba de una situación chocante: el hombre no contribuía al sustento común y seguía siendo jefe de familia y detentador de la autoridad moral. Este fenómeno, subraya Carmen Garratón, es bastante habitual en la actualidad, debido a la lacra del paro, la emigración, la viudez y los cada vez más frecuentes divorcios.

Carmelo Pérez Beltrán pone el foco en la época contemporánea con su artículo ‘La incorporación de las mujeres argelinas a la vida activa: un reto a conseguir’. El autor también recuerda que las estadísticas oficiales no incluyen una perspectiva de género y soslayan el alto porcentaje de mujeres que desempeñan trabajos en la economía informal. El texto repasa los años posteriores a la independencia de Argelia, cuando el mercado laboral empezaba a abrirse “tímidamente” a las mujeres. El nuevo Gobierno argelino aceptaba que las féminas trabajaran, a condición de que no descuidasen “sus obligaciones inherentes al rol de madre de familia y esposa”.

En aquellos años, los hombres se dedicaban a las consideradas como actividades productivas, mientras que las mujeres trabajaban en el ámbito de los cuidados, los servicios públicos, la salud, la educación y la administración. En los años ochenta, se produce la liberalización y la transición a una economía de mercado. En ese contexto, se alienta la promoción de las mujeres a puestos de mayor responsabilidad, según examina el investigador Carmelo Pérez Beltrán.

El tercer artículo citado por Carmen Garratón está firmado por Rosa Salgado Suárez y analiza el panorama de la enseñanza del árabe dialectal marroquí a través de dos mujeres pioneras que durante el protectorado español se internaron en un terreno laboral hasta entonces dominado por los hombres.

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