Me encontraba preparando la columna de la presente semana, dedicada al mundial de fútbol de Norteamérica, cuando me sorprendió la noticia de los terremotos consecutivos que han llevado muerte y destrucción a la querida Venezuela. De inmediato, me llegaron muchos recuerdos de mi primer destino fuera de Colombia, en la vida y en la carrera diplomática, pero una palabra orbitaba sobre las demás, solidaridad.
En efecto, Venezuela fue el primer país que conocí fuera de Colombia, cuando cursaba sociología en la Universidad Nacional en Bogotá y los estudiantes recibimos una invitación para el XIX Congreso Latinoamericano de Sociología (ALAS) celebrado en 1993 en Caracas. Me encontraba finalizando la tesis de grado y no pude viajar con mis compañeros pues preferí terminarla primero, así que llegué un par de días más tarde y no pude encontrar habitación en los cuartos que la organización había previsto. Para no prolongar la historia, un joven venezolano que no me conocía, estudiante de contaduría en la Universidad Central de Venezuela (UCV), me ofreció alojamiento, mostrando una gran solidaridad.
Cuatro años más tarde, volvería a Venezuela, ya no como estudiante, sino como diplomático. Tuve la fortuna de ingresar a la carrera diplomática en 1996, mediante concurso de méritos y mi primer destino en el exterior fue como cónsul de Colombia, en una ciudad maravillosa conocida como Puerto Ordaz, aunque su nombre oficial es Ciudad Guayana. En la llamada “tierra de gracia”, conocí personas extraordinarias de diversas nacionalidades, porque la ciudad en sus inicios fue sede de diferentes empresas básicas, a donde llegaron trabajadores de los más disímiles orígenes geográficos, en un ambiente de gran convivencia, progreso y solidaridad.
Algunos de los colombianos residentes en la ciudad, fundaron un club llamado ASOCOVE (Asociación Colombo-Venezolana), porque muchos eran matrimonios binacionales. La sede de la asociación se llamaba Aracataca, en honor del municipio colombiano en donde nació Gabriel García Márquez. Los integrantes de ASOCOVE, siempre estuvieron prestos para colaborar con el consulado, en iniciativas sociales o culturales, pero un día tuvimos una noticia trágica que nos estremeció. El 25 de enero de 1999, nos enteramos del terremoto que devastó a varias ciudades del eje cafetero en Colombia.
En el consulado, con la ayuda de ASOCOVE, Cruz Roja venezolana y los medios de comunicación, nos organizamos para recibir ayudas en forma de alimentos no perecederos, ropa y elementos de medicina y aseo. Fue impresionante la respuesta de los hermanos venezolanos, durante varios días recolectamos más de once toneladas de productos, que fueron enviados a Colombia, en vivo ejemplo de pura solidaridad.
Tengo viva la imagen del vuelo en avión a Caracas, pues lo hice muchas veces, de hecho, esa ruta inauguró nuestra luna de miel, con mi esposa Patricia. El aeropuerto internacional de Maiquetía está ubicado en La Guaira, ciudad costera sobre el Mar Caribe y de allí a Caracas son unos 40 minutos por carretera, en una sucesión de paisajes naturales y urbanos. Toda esa región fue afectada por los terremotos. Las imágenes que nos llegan son desoladoras y es el momento de actuar, por lo cual invito a quienes puedan ayudar hacerlo de la manera que les resulte más conveniente.
Seguramente las misiones diplomáticas o consulares venezolanas, organizaciones no gubernamentales sin ánimo de lucro, siempre la Cruz Roja, informarán en donde nos encontremos, la mejor forma de colaborar en estos duros momentos. Para los hermanos venezolanos, toda la solidaridad que podamos ofrecer. Gracias a quienes puedan hacerlo.
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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/ En lo que sigue llamando Twitter lo encuentran como @dixonmedellin y explora el cielo azul en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social.
