Las biografías de los poetas, no comienzan por su estatura, pero hay casos en que sí debería ser necesario. Darío Jaramillo Agudelo, es un poeta alto, que pudo haber sido un buen jugador de baloncesto y representante colombiano en la NBA (Asociación Nacional de Baloncesto de Norteamérica, por sus siglas en inglés), pero prefirió jugar con las letras y convertirse en el mejor poeta de su generación en Colombia, esa misma que los expertos han llamado la Generación sin Nombre o la Desencantada.
La biografía de Darío Jaramillo dice que nació en 1947, es decir que me lleva 20 años de ventaja en este mundo y de kilometraje a la hora de escribir, en una población ya legendaria en las letras colombianas, Santa Rosa de Osos, gracias a otro poeta, Porfirio Barba Jacob, que no se llamaba así, pero fue el seudónimo más conocido de un eterno viajero, fundador de periódicos en Centroamérica y México y de naturaleza volcánica, como la de esas tierras. El nombre del municipio es una mezcla entre Santa Rosa de Lima y los osos de anteojos que abundaban en la región, insinuando el carácter lector y escritor de sus pobladores.
Pero volviendo a las alturas de Jaramillo Agudelo, es un caso raro, digno de estudio, el de un paisa con alma de rolo, para que me entiendan los lectores de otras latitudes que no sean familiares con los regionalismos colombianos, Darío Jaramillo oriundo de Antioquia, la comarca central de los paisas, ha sido adoptado por Bogotá, porque en esta ciudad encontró su nicho en la vida, durante más de 50 años.
Darío Jaramillo Agudelo es abogado y economista de la Universidad Javeriana de Bogotá, es decir que debe tener el espíritu jesuítico que lo emparenta con aquel profesor de literatura que todos conocieron como el papa Francisco. Ahora bien, los estudiantes bogotanos le debemos mucho a Darío Jaramillo quien se desempeñó como subgerente cultural del Banco de la República, por su trabajo en la Biblioteca Luis Ángel Arango, así como los visitantes del Museo Botero en la Candelaria, por su intervención para que el Maestro Fernando Botero, le hiciera el regalo de sus obras a la capital colombiana, entre otras destacadas gestiones.

Darío Jaramillo Agudelo, tiene el inmenso mérito de haber sido original en el amor, un tema sobre el cual, parecía que ya estaba todo dicho y escrito, sobre todo en la poesía. En 1989, año de bombas del narcoterrorismo, los colombianos sobrevivimos y la poesía también, en Medellín más de 20.000 lectores de poesía votaron por el mejor poema de amor en nuestro país, lo cual de por sí ya suena a exageración, por la cantidad de poetas nacionales y por tantos versos románticos que se han escrito en estos lares. En dicha consulta democrática resultó ganador el Poema de amor No. 1 (ese mismo que empieza con este verso: Ese otro que también me habita…) de Darío Jaramillo.
Es tan grande (o tan alto) el nivel poético de Jaramillo Agudelo que a uno se le olvida que también ha sido ensayista, editor, antologista y profuso novelista. Galardonado con el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura, el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca en Granada, España. Sin embargo a Jaramillo Agudelo, no le gusta que lo exalten demasiado, es tan modesto como su admirado San Francisco de Asís y como le confesó a su amigo Óscar Domínguez Giraldo en entrañable entrevista, preferiría que lo olvidaran. A pesar de ello, seguiré insistiendo en su incontrovertible altura y espero que no me guarde rencor, que eso fue culpa de sus padres.
En la Feria del Libro de Bogotá de 2025, fui testigo de uno de esos raros eventos que enaltecen el alma humana, un homenaje de un grupo de amigos (poetas, editores, historiadores) que prepararon sus mejores palabras para enaltecer a Darío Jaramillo Agudelo. Allí se reunieron el director del Instituto Cervantes Luis García Montero, el editor Manuel Borrás, el historiador Jorge Orlando Melo, la editora Catalina González Restrepo, los poetas Mario Jursich, Darío Rodríguez, María Gómez Lara con la moderación de Ángela Pérez Mejía, subgerente cultural del Banco de la República.
A todas estas, no tengo idea cuánto mide Darío Jaramillo Agudelo, quizás no sea tan alto en centímetros como lo imagino, pero en términos literarios, estoy seguro que su altura es inconmensurable, porque a sus lectores nos suele llevar de nube en nube, mientras habla de amores, no sólo los de los cuerpos y las almas, sino de aquellas cosas que alegran la vida, como en el fútbol su afición al Deportivo Independiente Medellín y esto lo dice un seguidor de Millonarios. Larga y alta vida al Maestro Jaramillo.
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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/ En Twitter (a ratos muy escasos) trina como @dixonmedellin.