En efecto, el querido Papa Francisco, bautizado como Jorge Mario Bergoglio, fallecido el pasado lunes 21 de abril, en plenas pascuas cristianas, fue profesor de literatura y psicología en la escuela Inmaculada Concepción de Santa Fe, entre 1964 y 1965, grata coincidencia, pues mi colegio de primaria y parte del bachillerato fue la Inmaculada Concepción, en este caso de Santa Fe de Bogotá, si se me permite hilar más finito, aunque en mi caso nunca he pretendido ser Papa.
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, admirador del más grande escritor argentino, Jorge Luis Borges, quien en la década de los sesenta, era un referente gracias a títulos como 'Ficciones' (1944) y 'El Aleph' (1949). Curiosamente Borges se llamada Jorge Francisco Isidoro Luis, es decir que eran tocayos y ese Francisco que Borges desechó lo tomó Jorge Mario para ser mundialmente célebre.
En sus clases, el profesor Bergoglio trataba desde las letras españolas del siglo de oro hasta la literatura contemporánea argentina y uno de los autores ineludibles era Borges, a quien invitó a su colegio para que hablara con los alumnos, lo que hizo el gran autor, estando ya ciego y por lo mismo, viene la gran anécdota de los dos imprescindibles argentinos, pues el escritor le pidió al profesor que le ayudara a afeitarse en el hotel, luego del viaje de ocho horas en autobús, para estar presentable ante los jóvenes, lo que hizo el buen Jorge Mario. Borges terminó haciendo el prólogo de un libro con relatos de estudiantes del profesor Bergoglio, que resulta un tesoro para quien lo conserve.
Un dato adicional, que emparenta la literatura y la diplomacia. Uno de los jóvenes estudiantes que aparece en el libro con un cuento de su autoría es el destacado diplomático de carrera argentino, Rogelio Pfirter, quien ocupó diversos cargos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y llegó a ser director general de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) y embajador de Argentina ante la Santa Sede de 2015 a 2019, es decir, que tuvo oportunidad de reunirse con su antiguo profesor de literatura. En aquel libro de relatos juveniles, también aparece Jorge Milia, quien se convirtió en periodista y escritor, autor del libro 'De la edad feliz', cuyo prólogo firma su exprofesor del colegio Inmaculada Concepción.

Jorge Mario Bergoglio continuó vinculado con la literatura, el año pasado publicó una carta en la cual elogia el papel de la literatura en la formación de los jóvenes y equipara un buen libro al poder de la oración. Para quien ha cometido ciencia-ficción literaria, no deja de ser un grato descubrimiento que el Papa Francisco, igual que su antecesor Benedicto XVI, recomienden una novela de este género,' Señor del mundo' de Robert Hugh Benson, escrita en 1907. De lectura obligada 'Esperanza', la autobiografía del Papa Francisco, en donde aparecen sus referencias literarias como Dostoievski, así mismo 'El loco de Dios en el fin del mundo', el libro que Javier Cercas, ateo y anticlerical, ha publicado, a propósito de un viaje en el cual acompañó al Papa a Mongolia.
Seguramente Cercas, coincidiría en que el Papa Francisco no contaba con el aura solemne de un sumo pontífice, sino con el aire simpático del jubilado bonachón, con quien se puede ir en cualquier momento a tomar un café y hablar de lo divino y humano, como del fútbol. Si yo fuera el afortunado en tomarme ese café con el profesor Jorge Mario, charlaríamos de quien seguramente fue uno de sus ídolos en sus días de juventud, el guardavallas colombiano Efraín Sánchez (1926 – 2020), apodado 'el Caimán' (por ser oriundo de Barranquilla), quien fue titular del equipo de los amores del profesor Jorge, el San Lorenzo de Almagro durante los años 1947 y 48, tendríamos tela para cortar porque 'el Caimán Sánchez' finalizó su carrera como futbolista en Millonarios de Bogotá, luego sería un exitoso director técnico.
Aunque seguramente seguiríamos hablando de cine, ya que le gustaba el neorrealismo italiano o películas como 'La Strada' (1954) de Fellini y 'La fiesta de Babette' (1987) del danés Gabriel Axel y terminaríamos con su materia de docencia, la literatura, campo fecundo para argentinos y colombianos. En fin, que sería una charla sustanciosa con un hombre inolvidable, a quien sus devotos, no queremos dejar descansar en paz, porque hace mucha falta en este mundo tan escaso de humanidad.
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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/ En Twitter (a ratos muy escasos) trina como @dixonmedellin.