martes. 05.07.2022

Los quince años

"Hoy quiero enviar un beso a Sara Lucía y desearle lo mejor en sus primeros quince años de vida, que se sienta como lo que es, la princesa que en familia hemos visto crecer"
La sobrina de Dixon Moya, Sara Lucía, ha cumplido 15 de años, una ocasión que da pie a recordar una entrañable tradición.
La sobrina de Dixon Moya, Sara Lucía, ha cumplido 15 de años, una ocasión que da pie a recordar una entrañable tradición.

Mi querida sobrina Sara Lucía acaba de cumplir quince años y sea esta la oportunidad para hablar de una festiva tradición en Colombia y en general en América Latina, la de celebrar a las “quinceañeras”. Una fiesta que es buen ejemplo del mestizaje cultural de nuestros pueblos latinoamericanos, aunque ceremonias especiales de iniciación a la vida adulta, se encuentran en todo el mundo y en diferentes momentos de la historia.

Los pueblos originarios de América, como los Aztecas, Mayas, Incas o Chibchas, realizaban diferentes ritos que señalaban el ingreso de las jóvenes al mundo de los adultos y en algunas de estas culturas indígenas, se aprovechaba para que las jovencitas aprendieran sobre la historia, leyendas, mitos y tradiciones de sus comunidades, así como era una preparación para el matrimonio, algo que coincidía con lo que pasaba en Europa, en donde por aquellos tiempos en que la esperanza de vida no era muy extendida, las bodas se realizaban muy temprano.

Se dice que el emperador Maximiliano y su esposa Carlota introdujeron en México los vals y los vestidos elegantes para la presentación de las jóvenes que cumplían los quince años en sociedad, aunque otros investigadores dicen que la costumbre proviene de los Virreinatos españoles. Afortunadamente, hoy día no significa que las niñas ya puedan casarse, aunque en algunos casos, seguramente es el inicio de los noviazgos y las primeras lágrimas por culpa de los amores primaverales.

Desde aquellos tiempos se habla de la fiesta de las quinceañeras que aunque tiene variantes en los diferentes países, básicamente se inicia con la entrada de la festejada, quien lleva un vestido especialmente diseñado para la ocasión, hay un baile, iniciado con el vals que la protagonista danza con el padre y en el cual se turnan los parientes y allegados y luego la música de gusto de la quinceañera y sus amigos, aparte de cena, brindis, torta o ponqué (otros le llaman tarta o pastel), con las quince velitas y los regalos para la quinceañera. En el siglo XX, Disney con sus princesas, ayudó a reforzar la puesta en escena de la celebración.

El esquema es el básico, pero hay muchas variantes, por ejemplo, en algunos sitios la chica ingresa con zapatillas deportivas y en un momento especial, sus padres se los cambian por zapatos elegantes con tacón, simbolizando el cambio de niña a mujer. Esta fiesta, tiene su versión en algunos países anglosajones, como Estados Unidos y Canadá en donde se celebra el “sweet sixteen” (dulce dieciséis), un año más tarde, pero básicamente con el mismo sentido.

Recuerdo que venciendo mi timidez bailé con Diana el Danubio Azul, la pieza clásica más conocida por las familias colombianas

Recuerdo que en mi lejana juventud, tuve que ser el “chambelán” de una linda jovencita llamada Diana en su fiesta de quince años. El chambelán es el acompañante oficial de la quinceañera, la denominación viene de ciertos cargos honoríficos en la nobleza y que aludían a quienes eran encargados de ser asistentes de los monarcas o de resguardar sus bienes. En el caso de las quinceañeras, los chambelanes deben estar con ellas y aunque no necesariamente sean su novio, posiblemente su misión sea espantar a los aspirantes a serlo. Recuerdo que venciendo mi timidez bailé con Diana el Danubio Azul, la pieza clásica más conocida por las familias colombianas.

Regresando a este 2022, no puedo terminar, sin enviar un beso a Sara Lucía y desearle lo mejor en sus primeros quince años de vida, que se sienta como lo que es, la princesa que en familia hemos visto crecer. Aunque como le he dicho a ella, creo que es más significativo para cualquier persona, llegar a los 18 años, que es la mayoría de edad en Colombia, cuando realmente se pasa el umbral del mundo adulto, sin valses, ni fiestas ni viajes, y la independencia se asume con las responsabilidades. En cualquier caso, que ella y todas las quinceañeras sean felices y disfruten un irrepetible momento.

Hemos hablado de las chicas afortunadas, cuyas familias, algunas haciendo grandes sacrificios económicos, pueden celebrar a sus hijas, pues con tanto detalle, se convierte, en un costoso gasto por más austera e informal que sea la reunión, pero no podemos olvidar a millones de niñas y jovencitas que no celebran esa fecha, quienes no gozan de derechos ni de amparo o cariño, quienes por el contrario son violentadas en su dignidad. Ojalá todas las niñas y jovencitas, recibieran como regalo de quince años, la garantía de la educación, la salud, la alimentación y la promesa de un mejor futuro.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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