jueves 19/5/22

Una nueva definición de páramo

"Alguien debería agregar una nueva definición de páramo en el diccionario de la RAE. Algo así como paraje verde de las montañas andinas colombianas, fuente de agua y vida, habitado por frailejones y osos de anteojos, visitado por personas soñadoras y melancólicas"

Dedicado a Rafa y Meli, con cariño paramuno.

Hace algún tiempo, transitando por una entrañable ruta de Andalucía, conversaba con dos buenos amigos españoles y surgió el término páramo. Entonces comencé a mencionar el peligro en el que se encontraban ciertos páramos en Colombia, como consecuencia del cambio climático y el calentamiento global, con el grave riesgo para la biodiversidad de nuestro país y el sostenimiento ambiental.

Espectacular belleza del páramo colombiano.

Cuando terminé mi argumentación, mis buenos amigos, simplemente tenían una cara de sorpresa, porque no entendían cómo podía hablar del páramo como un lugar pleno de vida, cuando usualmente eran sitios desolados, sin vegetación. Entonces me di cuenta de que al menos en España y Colombia, cuando hablamos de páramos, nos referimos a sitios claramente diferentes.

La definición que proporciona la Real Academia de la Lengua Española (RAE), no puede ser más contundente y cito: “Páramo: Terreno yermo, raso y desabrigado. Lugar frío y desamparado”.

Ahora bien, al menos en el caso de ciertas zonas de Colombia y supongo que en otros países, la noción que uno tiene de páramo es diferente en algunos aspectos a la del diccionario. Efectivamente suele ser un lugar frío, pero nada más lejano a esa definición de desamparo y desolación, por el contrario, es fuente de agua, un paisaje verde, pleno de vida, un ecosistema supremamente rico con una vegetación muy especial. Hay páramos situados a más de tres mil metros de altura, que preservan una fauna muy variada como osos de anteojos, cóndores, águilas, venados, zorros, etc.

Incluso en los alrededores de una megaciudad como Bogotá, el paisaje del páramo se convierte en escenario obligado de caminatas de ecologistas, estudiantes, montañistas, amantes de la naturaleza y turistas extranjeros.

Oso de anteojos, habitante muy especial de los páramos colombianos.Cuando cursé unos pocos semestres de Ingeniería Forestal, hace tantos años, que parece fue en otra vida, tuve oportunidad de subir un par de veces con compañeros de la materia de botánica a esos formidables páramos, para observar los nacimientos de la vida de los Andes colombianos. Hay un protagonista indiscutible, el frailejón, una planta única y al mismo tiempo diversa (en Colombia hay más de 80 especies de frailejones), que cumple un papel determinante en el ciclo del agua.

Así que a mis queridos amigos españoles y amables lectores, cuando en Colombia los inviten a caminar o pasear por un páramo, encontrarán un paisaje tan particularmente bello, que alguien debería agregar una nueva definición en el diccionario de la RAE. Algo así como, paraje verde de las montañas andinas colombianas, fuente de agua y vida, habitado por frailejones y osos de anteojos, visitado por personas soñadoras y melancólicas.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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