miércoles. 17.08.2022

La palabra, el poder de los mortales

"El diálogo es la manera de arreglar las dificultades, mucho más entre hermanos"

El ser humano, siempre sueña con tener poderes especiales, no en vano las mitologías y los superhéroes de los cómics y el cine, coinciden en esa ambición de poseer talentos extraordinarios, que permita a una persona común y corriente por ejemplo, volar, tener una fuerza extraordinaria, vivir eternamente con la juventud intacta, ser invisible a los demás, entre otros atributos imposibles.

Es tan intacta esa fantasía, que no se circunscribe a la infancia. De otro modo, no se explica que uno en pleno estado de madurez y manifestando el correcto uso de sus facultades mentales, gaste dinero en un boleto de cine, para ver a unos personajes disfrazados de carnaval, que por arte de magia, despliegan unos talentos inverosímiles. Sabemos que como simple mortales, no podemos acceder a esos súper poderes y al tiempo que nos rendimos a los superhéroes de la ficción, olvidamos el gran poder que poseemos, por encima de otras criaturas de la creación, la palabra.

La palabra es el verdadero súper poder, puede servir para construir o destruir, dependiendo el tipo o la clase del término, así como el tono con el que se diga o se escriba. La palabra hablada o escrita puede servir para abrir heridas o para curarlas, puede dañar un honor construido de manera honesta durante años, puede crear ilusiones y reanimar a alguien que se sienta agonizar. Resume todos los súper poderes ficticios, gracias a la palabra un lector puede volar, si se deja transportar en las alas de la poesía, un escritor puede vivir eternamente, al menos en la mente de sus lectores futuros. La palabra es la verdadera medida de la fuerza.

"Hago votos, porque en Colombia, encontremos las palabras justas y necesarias para fundamentar un diálogo creativo y productivo"

Cuando alguien quiere expresar su voluntad y pide la credibilidad de otra persona, dice que da su palabra. En algunas culturas como la árabe, por ejemplo, es suficiente que alguien ofrezca su palabra, para crear confianza a la hora de cerrar un trato, nuestros abuelos no necesitaban papeles firmados, bastaba la palabra del otro. En el momento de unir la vida para siempre con la persona amada, uno dice simplemente: Sí, la palabra que da el inicio a una nueva vida. La palabra es el condimento necesario del diálogo, el diálogo que es la manera de arreglar las dificultades, mucho más si es entre hermanos.

Hago votos, porque en Colombia, encontremos las palabras justas y necesarias para fundamentar un diálogo creativo y productivo. En contra de la violencia y la destrucción que sólo llevan dolor, tristeza y pobreza. Sólo el diálogo inteligente y sincero, flexible y respetuoso, facilitará los acuerdos dentro de las diferencias para encausarnos por el camino del progreso, el bienestar y justicia para todos.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

La palabra, el poder de los mortales
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