viernes. 12.07.2024

La Pamplona colombiana

Conserva su encanto colonial, con plazas y parques, como la Plazuela Almeyda, o el parque central Águeda Gallardo, la plaza de mercado cubierta o las casas en donde estuvo de paso el Libertador Simón Bolívar, quien la denominó Ciudad Patriota
A pesar de los cambios en tamaño, población y sonidos, Pamplona conserva su encanto colonial, con plazas y parques. (Patricia Mogollón)
A pesar de los cambios en tamaño, población y sonidos, Pamplona conserva su encanto colonial, con plazas y parques. (Patricia Mogollón)

“…Por el aire te pusimos en las manos
de otros recuerdos, y tu tierra era entonces
tan cercana. Río arriba, entre los climas,
te nos hiciste piedra en el pecho,
te nos ibas hundiendo pecho adentro
porque tú estabas en él y te nos ibas.
Entraste a Pamplona como si lo hubieras hecho
a caballo: tomamos el potro de las bridas
y descabalgaste igual que siempre, entre cipreses…”
Fragmento de “Elegía a mi Padre”. Eduardo Cote Lamus.

Es probable que los lectores que no sean colombianos, e incluyendo algunos de mis compatriotas, cuando vean la palabra Pamplona, la identifiquen con la bella ciudad española, ubicada en Navarra, célebre por su arquitectura, música, gastronomía y su fiesta de Sanfermines que algunos no terminamos de entender, aunque haya sido objeto de inspiración para escritores, cineastas y artistas.

En este caso, me voy a referir a la Pamplona colombiana, ciudad ubicada en el sur del Departamento de Norte de Santander, fronterizo con Venezuela, cuya capital es Cúcuta. Hace unos días tuve oportunidad de visitar esa ciudad, tan cercana a mi corazón desde hace 24 años, es decir, desde cuando conocí a mi esposa Patricia, quien nació en Cúcuta, pero a los pocos años, sus padres la trasladaron a Pamplona y Pamplonita, población ubicada a pocos kilómetros de la primera.

Pamplona ofrece estampas profundamente coloniales. (Patricia Mogollón)
Pamplona ofrece estampas que recuerdan al pasado. (Patricia Mogollón)

Patricia es amante del clima frío y cuando conocemos a otros compatriotas y dice que nació en Cúcuta (ciudad caliente por antonomasia), acto seguido aclara que ella se crio en Pamplona, para que le entiendan que no está acostumbrada al calor. Patricia no viajaba a Pamplona, hace más de 30 años, así que para los dos esa visita tuvo un fuerte componente emocional, para quien retoma sus pasos infantiles y juveniles, recobrando un torrente de recuerdos y para quien descubre por primera vez un lugar, que parece conocer, de cuenta de las historias que ha escuchado.

La ciudad se fundó como Pamplona de Indias en 1549, evocando a la ciudad española, conforme el deseo de sus fundadores, Pedro de Ursúa y Ortún Velázquez de Velasco. Sobre la figura del primero, hay una muy recomendable novela del escritor William Ospina, titulada justamente “Ursúa”. El nombre de la primera Pamplona en latín sería Pompelon o Pompeios polis, la “ciudad de Pompeyo”, general romano que habría sido su fundador. Como solía suceder en tiempos de la colonia, los conquistadores bautizaban a las nuevas ciudades americanas, porque en sus paisajes o clima recordaban a las referentes españolas.

Pamplona
Pamplona ha pasado de ser un lugar tranquilo para compartir los ruidos y diversas músicas actuales. (Patricia Mogollón)

Patricia la encontró cambiada lógicamente, incluso en el tema climático. Igual que me ocurre a mí con Bogotá, recordamos nuestras ciudades de infancia, como muy frías, grises, con gente que se vestía de manera elegante, para ir al centro, a la misa, al trabajo, o hacer vueltas, sinónimo de diligencias. Pamplona es famosa por la neblina que la suele cubrir a determinadas horas de la madrugada o de la noche, pero en esta ocasión no fue tan evidente, así que me quedé con ganas de ver esa neblina tipo londinense, apta para las novelas de misterio.

A pesar de los cambios en tamaño, población y sonidos (pasó de ser un lugar tranquilo para compartir los ruidos y diversas músicas actuales), Pamplona conserva su encanto colonial, con plazas y parques, como la Plazuela Almeyda, o el parque central Águeda Gallardo, la plaza de mercado cubierta, las casas en donde estuvo de paso el Libertador Simón Bolívar, quien la denominó Ciudad Patriota, dado que el 4 de julio de 1810, se declaró en rebeldía del gobierno español, gracias a la iniciativa de la prócer Águeda Gallardo Guerrero, anticipándose a Bogotá y otras ciudades colombianas en proclamar su independencia.

Pamplona5
Ciudad ubicada en el sur del Departamento de Norte de Santander, fronterizo con Venezuela, conserva gran parte de su patrimonio. (Patricia Mogollón)

También destacan las sedes de la Universidad de Pamplona, que tradicionalmente ha educado a estudiantes colombianos y venezolanos. Pamplona que también ha sido llamada la Ciudad Mitrada de Colombia, por su vocación católica, es famosa por la conmemoración de la Semana Santa, cuenta con diversas iglesias, como la del Señor del Humilladero, la Catedral de Santa Clara o la bella parroquia de Nuestra Señora del Carmen.

Pamplona tiene una interesante particularidad, es el lugar de nacimiento de colombianas y colombianos ilustres en diversos campos, pero hablamos de personas de un nivel especial, que incluso trascendieron en el plano internacional, como los artistas Beatriz Daza o Eduardo Ramírez Villamizar (quien cuenta con un bello museo en la ciudad y a quien le dedicaremos una futura columna), el músico Oriol Rangel, los poetas Eduardo Cote Lamus (de quien es el epígrafe que encabeza esta nota) y Jorge Gaitán Durán (cuyo centenario se celebró hace unos meses), o Camilo Daza, una leyenda de la aviación colombiana.

Pamplona3
La modernidad también se ha abierto camino en Pamplona. (Patricia Mogollón)

 
Que esta columna sea una invitación abierta, para quien desee conocer la Pamplona colombiana, con una muy buena carretera desde Cúcuta. En el camino, puede desviarse un momento a Bochalema, para ver un árbol legendario, el bello samán centenario o tomarse un refrigerio en Pamplonita, antes de llegar a Pamplona, encontrará un paisaje precioso e incluso baños termales.

Al final, los quiero dejar con una de las melodías más bonitas del pentagrama musical colombiano, Brisas del Pamplonita, que alude al rio que cruza por la ciudad, para los nortesantandereanos es una especie de segundo himno nacional, aquí en las prodigiosas manos del músico Jaime Llano González:
 

----------------------------------

Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter (a ratos muy escasos) trina como @dixonmedellin.

La Pamplona colombiana