domingo. 02.10.2022

Boda persa en Alemania

"Esta tarde celebraremos el matrimonio entre un escocés y una iraní. Los invitados son británicos y persas en su mayoría. El lugar, un edificio histórico en el norte de Alemania. Es por ocasiones como esta que no quiero volver a España y encerrarme allí"

Escribo estás líneas desde la Marktplatz (Plaza del Mercado) de Bremen. He venido hasta Alemania porque se casa mi amiga Azadeh. Ella es iraní y su casi marido, escocés y lo celebran en Alemania, donde ella vivió durante años. Y aquí nos hallamos para acompañarles.

Cuando vives fuera de de tu país es más fácil entablar relaciones y hacer amigos de diversos orígenes. Y todavía lo es más en lugares como el Golfo donde, si algo encontramos, es variedad. Aunque el idioma y las costumbres nos atraigan a preferir juntarnos con personas de nuestro país, solemos conocer a gente de todas partes. Para mí esto es lo mejor de Qatar, lo más enriquecedor y a lo que ya no quiero renunciar nunca.

Mi primera experiencia fue el Erasmus. Durante el año que pasé en Francia entablé amistades con personas de Europa y del Magreb principalmente. La aventura gala terminó, cada una regresó a su país, pero los lazos que allí se crearon sobrevivieron al paso del tiempo y a las fronteras. Todavía hoy mantengo el contacto con algunas de ellas. Y en los años que siguieron al Erasmus, nos visitamos tanto como pudimos. Y también volvimos a encontrarnos en varias bodas.

Una de esas bodas tuvo lugar en Israel. Nuestra amiga judía había encontrado el amor y nos invitó a celebrar su enlace. Recuerdo aquella semana como unos días mágicos por el reencuentro que suponía, por el viaje y por la oportunidad de asistir a una boda hebrea. Hoy lo valoro, si cabe, mucho más. No creo que vuelva a pisar suelo israelí. Mi relación con los países árabes hace que ciertos cuños en mi pasaporte no estén bien vistos. Por otra parte, no sé cómo me sentiría allí después de haber expresado tan abiertamente mi simpatía por el pueblo árabe y haberme posicionado con respecto al "conflicto". Bueno, mejor voy a cambiar de tema, que hoy es un día alegre. Además, disfruté mucho de aquella celebración en Israel, de mis amigas y del viaje.

Y hoy, por casualidad o por haberlo deseado tanto, vuelvo a prepararme para una boda con un matiz exótico. Azadeh y yo somos amigas desde hace más de tres años. No solo es una persona importante en Qatar sino en mi vida, para siempre. Tal y como relaté ayer a la familia del novio cuando me preguntaron, la conocí en una entrevista de trabajo. Yo solicitaba el puesto que ella iba a dejar vacante. Y así fue, nos convertimos en inseparables. Nos unió más un momento delicado que compartimos un año después, nosotras dos y mi amiga Chelo. Cuando las tres dejamos nuestras empresas y nos lanzamos a buscar empleos donde nos trataran mejor (o, por lo menos, nos trataran con dignidad). En todo ello, en Qatar, con todas sus leyes, su kafala y sus particulares circunstancias. Pero no estuvimos solas, vivimos las tres juntas en mi minúscula casa. Tres mujeres derrotadas, con problemas financieros, una con el corazón recién destrozado y todas, con el futuro incierto y a miles de kilómetros de casa. Y fue estar juntas lo que nos rescató. Fue el apoyo de las otras dos lo que nos dio fuerzas y así pudimos luchar cada uno de aquellos días. A menudo recordamos esta etapa con cariño y como ejemplo de esperanza. Y damos gracias a la vida, todavía sin creernos lo bien que nos encontramos ahora. Caminamos con pasó firme las tres, viviendo cada una en un momento cómodo y estable. Y aquella de nosotras que tenía el corazón roto en más de mil pedazos se casa hoy con un hombre que la quiere.

Así que esta tarde celebraremos el matrimonio entre un escocés y una iraní. Los invitados son británicos y persas en su mayoría. El lugar, un edificio histórico en el norte de Alemania. Es por ocasiones como esta que no quiero volver a España y encerrarme allí. Me gusta aprender idiomas, empaparme de otras costumbres y descubrir a través de otros (es así aunque suene a tópico y sean frases muy manidas). Por eso me ha alimentado tanto esta etapa en Qatar, por lo dispar del contexto. Aunque haya pasado calor, ha valido la pena. Y por eso ahora pienso en el próximo destino, que todavía está por decidir, pero quiero que sea un lugar estimulante. Y lo será.

Y, por ahora, aquí me quedo unos días más, disfrutando de la boda, del frío inclemente y del pintoresco centro de esta ciudad europea.  

Boda persa en Alemania
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