miércoles. 24.04.2024

Anu II

"Lo más raro era la mujer mayor sentada en el tejado -en el tejado- al lado del pájaro, sonriéndole a Anu, que se levantó, y para asombro del niño, saltó al suelo"

Anu se quedó muy quieto. ¡Era la cabaña! ¡La cabaña de su sueño! Escuchó un revoloteo y alzó la cabeza para ver que se trataba de la lechuza, ya posada sobre el tejado de la cabaña y ululando. Pero lo más raro era la mujer mayor sentada en el tejado -en el tejado- al lado del pájaro, sonriéndole a Anu, que se levantó, y para asombro del niño, saltó al suelo. Aterrizó sin caerse y sin parar de sonreír. Anu comenzó a, ahora sí, asustarse. Deseaba que ella parase de sonreír de esa manera.

-Al final viniste, ¿eh?- la voz de la anciana era dulce como la miel, como una canción silenciosa. A Anu eso le calmaba. Asintió con la cabeza. La anciana esbozó una sonrisa aún más amplia y el pájaro ahora se posó en el hombro de la mujer, plegando sus alas gigantes, mordisqueando el dedo de la anciana dulcemente.

-Estrella te trajo a mi cabaña sano y salvo. Es un buen ave- dijo la mujer, acariciando el plumaje de la lechuza.

Llevaba una falda violeta con una camisa blanca. La falda tenía cosidos de diferentes tipos. Anu se quedó observándola y vio que en los cosidos se veía una escena de montaña con cielo azul y hierba verde.

-Bonita, ¿no crees?- dijo la anciana, sonriente, -acércate y observa.

Anu, vacilante, se acercó. Observó los detalles de la falda, los finos cordones entrelazados y de diferentes colores. Era precioso. La anciana se sentó en frente de Anu, cruzando las piernas. Estiró su falda, posando su dedo índice sobre el tejido.

-Ahí estamos nosotros- dijo. Anu se acercó más, su curiosidad ya apoderándose de él. Sentados en la hierba cosida, estaban un par de personas. Anu estaba boquiabierto ahora: ¡eran los dos! La anciana y Anu. El tejido se movió, y una lechuza blanca volaba con las plumas de sus alas tocando suelo. Un momento después, la lechuza real, Estrella, se posó sobre el suelo cubierto de hierba. Igual que en la falda. Para estar seguro, Anu alzó su mano lentamente. El Anu de la falda hizo lo mismo. Estrella salió volando para posarse en el techo.

-Impresionante, ¿no?- preguntó la anciana. Anu levantó la cabeza y asintió varias veces.

-¿Cuál es tu nombre?- Anu tragó saliva. Sabía que llegaría ese momento. Miró a la anciana, tratando de que ella le entendiese con solo mirar los ojos. Tratando de comunicar que no podía hablar. Pero la anciana esperó a su respuesta. Anu miró al suelo, deseando poder hablar y por fin hacer realidad su sueño de ser un niño normal, que habla, como los otros niños, y que juega con los otros niños y es una persona querida y apreciada y valorada como los demás…

-Venga, gorrión. Sé que puedes hablar porque te he visto hacer eso muchas veces.

Anu levantó la cabeza, sobresaltado. Y para su sorpresa-

-Anu. Me llamo Anu -balbuceó el niño con un hilo de voz.

La anciana sonrió y Anu se tapó la boca, sobresaltado. ¿Acababa de…?

-Madre mía- murmuró. Las lágrimas se le saltaron. No podía creer lo que acababa de pasar. Le pareció que alguien había hablado dentro de él, por el…

La anciana se levantó, cogiendo la mano del niño y levantándole con suavidad.

-Ven conmigo, niño. ¡Estrella!- llamó. El ave se posó ligeramente en su hombro. La anciana llevó a Anu hacia la parte delantera de la cabaña. Abrió la puerta y dejó que Anu pasase dentro.

Era un salón pequeño, con un sillón grande. Había una mesa pequeña y un sofá azul. Lo más llamativo eran la cosas tejidas que colgaban de las paredes. Y la cantidad inapropiada de aves posadas en todos lados. Había aves de todos tamaños, de todas formas y colores. Había una cigüeña elegante, un grupo pequeño de gorriones, golondrinas, periquitos, hasta un pico zapato (ave enorme y gris parecido al flamenco con un pico grande y curioso). Estrella, la lechuza saltó del hombro de la anciana y se posó al lado de una paloma en el sofá. La cigüeña andó hacía la anciana y se dejó acariciar por un Anu muy asombrado. En muy poco tiempo, tenía gorriones y golondrinas posados en sus brazos. Y eso le hacía feliz.

-Tú podías hablar desde el principio- le dijo la anciana, que estaba sentada en el sofá al lado de sus adoradas aves.

- El único problema era que nadie te prestaban atención. No les parecías normal y decidieron tratarte de una forma extremadamente diferente.

Desde ese día, nadie en la aldea volvió a ver a Anu. Porque el niño se merecía mejor compañía que esa gente. Esas personas que no le entendían. Esa gente que no entendía que una persona incapaz de hablar no era una persona. Pero Anu no era incapaz de hablar: su corazón hablaba de una forma diferente: el idioma de las aves.

FIN.

Anu II
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