jueves. 23.05.2024

Lucas I

"Lucas tenía 12 años cuando su padre los dejo a él y a su madre"

-¿Tienes tu mochila?- preguntó la madre de Lucas.

-Sí- dijo éste, poniéndose una gorra.

-¿Repelente de mosquitos? ¿Comida? ¿Chaqueta?- siguió ella, abriendo el maletero del coche.

-Sí, sí y sí- confirmó el chico.

-Perfecto. Súbete a tu asiento- le indicó su madre, entrando dentro del coche. Lucas obedeció, metiéndose dentro del coche con sus cosas. La tienda de campaña estaba dentro del maletero. Lucas no entendió por qué tenía que ir a acampar con su madre. Nunca le había gustado estar fuera durante la noche. Y aun así, su madre le había dicho que era buena idea. Todo era buena idea para ella si se trataba de hacer que su único hijo tuviese una mente positiva. Pero no era fácil.

-¿Estás nervioso?- preguntó su madre una vez que salieron del aparcamiento.

-No- dijo Lucas. Su madre suspiró.

-Trata de tener una actitud optimista, hijo- le aconsejó.

-¡Vale!- dijo Lucas, mirando a su madre.

-¡Ya lo tengo! Deberías de enseñarles a los otros niños cómo eres capaz de escalar, o tus habilidades para tallar. ¿Qué crees?

-Er…-¿Bien?- murmuró Lucas con pocas ganas y no muy convencido.

-¡Ese es el espíritu!- dijo su madre, sonriendo triunfante.

Lucas tenía 12 años cuando su padre los dejo a él y a su madre. Eso le había roto el corazón, y había dejado a su madre destrozada. Pasaron semanas antes de que los dos empezasen a asumirlo. Después de todo, ya había pasado, y no había vuelta atrás, por lo visto. Pero Lucas no lo pudo dejar ir. Echaba de menos a su padre.

Los días pasaron, convirtiéndose en semanas y meses, y después dos años. Lucas había pasado de ser un niño feliz y juguetón a un adolescente nervioso, sensible y poco optimista. Cualquier cosa que su madre tratase de hacer simplemente no funcionaba. Pero eso no quería decir que se fuese a rendir.

Lucas era bastante alto, más que su madre, tenía el pelo de color rubio oscuro y tan largo que a menudo le tomaban por una chica pero a él no le importaba en absoluto. Solía cubrirse la boca y nariz con una máscara que ocultaba sus emociones y sólo podían verse sus hermosos ojos. Eran de un verde intenso y tenían un poco de azul. Era la única cosa de sí mismo que le gustaba. Su madre era parecida a él, con pelo rubio, cara pecosa y ojos verdes, aunque no igual de intensos que los de su hijo. Era flaca y alta y le gustaba la astronomía (Lucas pensaba que eso era una pérdida de tiempo).

-¿Cuánto falta?- preguntó Lucas después de media hora. Su madre consultó el navegador:

-Unos quince minutos.

Lucas sacó una libreta y boli de su mochila y empezó a escribir:

“No sé por qué tengo que venir. Siempre es la misma historia: mamá me arrastra a todos lados tratando de que tenga lo que ella llama una actitud optimista. No sabe ni lo que dice. Es increíblemente…”

-¿Qué escribes?- le interrumpió su madre. Lucas escondió la libreta.

-Nada. Nada de nada- dijo nerviosamente. Ay no, ya me sudan las manos, pensó, entrando en pánico. ¿Y si su madre viese lo que había escrito? Definitivamente se lo tomaría muy mal ¿Y qué…?

-Lucas. ¡Lucas!- Lucas miró a su madre y trató de respirar lentamente.

-¿Te sientes mejor? Cuéntame ¿Qué te pasa? - continuó su madre insistiendo.

-Solo estoy nervioso. Ya sabes que no me gusta dormir fuera de casa, mamá - se explicó el chico.

-Lo sé. Pero es hora de que pruebes cosas nuevas en vez de quedarte en casa encerrado todo el verano, ¿no crees?

-Supongo que sí- asintió de mala gana.

Llegaron a una carretera que llevaba al bosque. Lucas silenciosamente metió su libreta en la mochila y miró por la ventanilla. Llegaron al campamento un poco más tarde. Vio que había niños y adultos. Aparcaron el coche en el aparcamiento de tierra y entonces Lucas se quedó paralizado, mirando a un chico que hablaba con sus amigos: se trataba de Zack (el tejón, como lo llamaba Lucas), famoso por ser un abusón y meterse con todo el mundo. Lucas había sido víctima suya varías veces, y en una de ellas hizo que se cayese al suelo hiriéndose en la pierna gravemente. Zack se metía con él por su aspecto delicado y femenino y lo llamaba “nenaza” y “gallina”. Desde el día de la caída, se había cuidado de cruzarse con él. Así que deseó con todas fuerzas que aquello no fuese verdad.

-¡Lucas! Sal del coche, hombre- dijo su madre desde fuera. ¡Oh no! Zack había oído a su madre llamarlo por su nombre e inmediatamente giró la cabeza en su dirección, dándose cuenta de su presencia.

-¿No vas a salir, Lucas?- dijo, sonriendo maléficamente. Sus amigos se rieron. Zack le saludó, diciendo: ¡Hasta luego! Y Lucas respiró nervioso sabiendo que no iba a ser el día magnifico que su madre había planeado.

CONTINUARÁ

Lucas I