miércoles. 01.02.2023

Un proyecto plantea integrar las viejas medinas islámicas de España y Portugal en una red común

La Fundación Las Fuentes, impulsora del plan, ha logrado identificar casi 4.000 localidades andalusíes, de las cuales un millar conservan patrimonio histórico reseñable

Carrera del Darro en Granada. (Fuente externa)
Carrera del Darro en Granada. (Fuente externa)

España y Portugal, además de Palermo (Italia), atesoran un patrimonio urbano excepcional. Casi 4.000 ciudades y pueblos comparten un pasado común vinculado a la civilización islámica que germinó en el sur de Europa a partir del siglo VIII. Y casi un millar aún mantienen vivas sus medinas o parte de aquellas antiguas ciudades andalusíes de plazuelas y callejones retorcidos.

Todo ese valor arquitectónico incomparable, que atraviesa tres países europeos, particularmente España, podría integrarse en un futuro próximo en una ‘Red de Medinas’ andalusíes si prospera un proyecto impulsado por la Fundación Las Fuentes, que agrupa a una decena de investigadores, algunos de ellos pertenecientes a la Junta Islámica. La propuesta cuenta con el apoyo de la ONU, a través de la Alianza de Civilizaciones, y acaba de ser presentada esta misma semana en la Feria de Turismo de España (FITUR), que se celebra en Madrid.

Andalucía es la región española que cuenta con mayor número de medinas y en mejor estado de conservación. No en vano fue el espacio geográfico donde se ubicó la capital de Al Andalus y más perduró el control político islámico hasta la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492. La cultura andalusí, no obstante, se prolongó, al menos, hasta la expulsión de los moriscos en 1609 y aún hoy se deja sentir su huella en infinidad de tradiciones culinarias, agrícolas, artesanas o arquitectónicas.

Córdoba es, sin ningún género de dudas, la medina más extensa y relevante que existe en Europa occidental, con su gran Mezquita omeya como símbolo indiscutible de la civilización andalusí. Granada y Sevilla también poseen núcleos urbanos andalusíes bien conservados. Medina Sidonia, Tarifa, Vejer y un buen número de localidades andaluzas conservan cascos históricos de época islámica, salpicados de alcazabas, baños árabes, viejas mezquitas, aljibes, murallas, alcaicerías y otros vestigios andalusíes de enorme interés.

Y no es solo Andalucía. Extremadura, Aragón o la Comunidad Valenciana mantienen un patrimonio islámico sobresaliente, que la Fundación Las Fuentes lleva años estudiando e inventariando. En Aragón hay 50 localidades con arquitectura mudéjar. Una vez presentado el proyecto oficialmente, la ‘Red de Medinas’ se propone articular todas aquellas ciudades que voluntariamente quieran participar. “La primera fase es detectar cuáles conservan patrimonio material o inmaterial y conectarlas”, asegura Bárbara Ruiz Bejarano, doctora en Estudios Islámicos y profesora honoraria por la Universidad de Alicante, así como principal impulsora del proyecto.

El objetivo es crear sinergias comunes para rentabilizar el considerable potencial andalusí desde el punto de vista cultural, turístico y económico. “Nunca todo este patrimonio se ha puesto en valor como elemento que se puede orientar hacia el turismo europeo y también musulmán”, sostiene. “Una vez inventariadas las medinas, con todo su patrimonio, se deben conectar para atraer comercio, hacer negocio, consolidar la artesanía o fomentar los productos alimentarios”.

Hasta ahora, hay más de 20 ciudades adheridas ya a la ‘Red de Medinas’. En ese grupo pionero, se encuentran Córdoba, Jaén y la villa portuguesa de Mértola. También figuran un puñado de pequeñas poblaciones de Aragón, Alicante y Castellón. Y antes de finales de año, esperan la incorporación de medio centenar de localidades. Entre las iniciativas que quieren poner en marcha de forma inmediata está la Ruta de Ibn Arabi, dedicada al gran filósofo, poeta y místico sufí. La ruta incluirá a Murcia, su ciudad natal, Córdoba, Marchena y Sevilla. “Ya viene mucha gente del Golfo, Oriente Próximo y Asia, que quiere recorrer los mismos itinerarios de Ibn Arabi”, subraya Ruiz Bejarano.

Muro de la Mezquita de Córdoba que da al Patio de los Naranjos
Muro de la Mezquita de Córdoba que da al Patio de los Naranjos. (Fuente externa)

El proyecto busca también neutralizar viejos prejuicios y clichés sobre la cultura andalusí y el islam occidental. “Europa no es ajena al islam”, afirma. El propio David Sassoli, ex presidente del Parlamento Europeo, ya reivindicó en un discurso ante la cámara las “raíces musulmanas” del Viejo Continente. “Y este proyecto es un instrumento para visibilizar un patrimonio que es nuestro también. No es un patrimonio árabe extranjero. El mudéjar aragonés solo se da en Aragón. No se da en Damasco. O el escabeche es un desarrollo andalusí, inventado por población autóctona. Igual que muchas artesanías, técnicas de cerámica, motivos de decoración. Hay mucho patrimonio propio nuestro que no se ha desarrollado en ningún espacio del mundo islámico. La red de medinas es patrimonio europeo”, puntualiza Bárbara Ruiz.

La propuesta persigue agrupar en una red las cientos de medinas que aún sobreviven en el sur de Europa. Pero no solo. También se propone rescatar toda la cultura y tradiciones asociadas a la civilización andalusí. “En gastronomía, por ejemplo, existen muchas prácticas culinarias de origen andalusí en la zona de Valencia. Es el caso del turrón. Todos los dulces de almendra y miel son andalusíes. Y la tradición continúa, también en el mundo árabe”, explica. “Hoy mismo”, argumenta Ruiz Bejarano, “hemos desayunado churros, que es un elemento gastronómico desarrollado en Al Andalus”. Son los llamados ‘frutos de sartén’, según aclara la investigadora. Productos harinados que, en lugar de ser horneados, son fritos en aceite. “Es una técnica andalusí”, remacha.

Muchos de los gremios industriales de la zona del levante español remontan su historia a la época andalusí. La seda, el cuero, el calzado, los azulejos o la cerámica, que hoy forman parte de su potencial económico, son artículos que ya constituían entonces una fuente notable de ingresos. “Toda la zona de Castellón vive del azulejo, una industria que se desarrolla en Al Andalus. Y Alicante ha vivido del calzado toda su historia. En Valencia está la lonja de la seda, otra de las industrias andalusíes que conectaban la península con Damasco y El Cairo”. El plan incluye también recuperar los desarrollos matemáticos y geométricos de ornamentación o la gestión medieval del agua. La red de acequias valencianas aún sigue administrada por el Tribunal de las Aguas, que tiene su origen en el consejo de ancianos tradicional de la sociedad islámica peninsular, encargado de gestionar recursos comunes, tal como recuerda Bárbara Ruiz Bejarano.

Los insignes personajes andalusíes, que contribuyeron decisivamente al desarrollo científico europeo, también forman parte de los objetivos marcados por el proyecto. Las tablas astronómicas de Azarquiel, la filosofía de Ibn Arabi, la poesía de Ibn Hazm o la jurisprudencia de Averroes serán puestos en valor en la ‘Red de Medinas’. “Es un proyecto de bastante envergadura. Yo llevo documentando todo esto más de 20 años. Lo complicado es como visibilizar todo este material. Hay que tener en cuenta que cubrimos diez siglos de historia”.

Ya existe una Red de Juderías que conecta a una veintena de ciudades de toda España. Llama la atención que el patrimonio sefardí esté mejor organizado, sistematizado y exhibido que el islámico, cuando este último tuvo una implantación peninsular mucho mayor. Bárbara Ruiz Bejarano tiene una respuesta para explicar esta paradoja. “Hay un imaginario colectivo en España que ve al musulmán como el enemigo. Toda la ideología de la Reconquista todavía funciona. En el ideario de la Reconquista, los judíos no son los enemigos políticos porque nunca tuvieron el control territorial de la península. Existe una fascinación pero también una aversión hacia lo islámico”.

La profesora honoraria considera que hay un gran desconocimiento sobre nuestro pasado histórico medieval. “A pie de calle todavía se identifica el patrimonio islámico andalusí como algo ajeno, cuando era producto de los propios españoles musulmanes”, señala. Quizás por esa razón se han topado con resistencias, incluso por parte de algún ayuntamiento importante, que prefiere no mencionar. “Lo identifican con turismo religioso. Sin embargo, con el Año Xacobeo no tienen ningún problema”, lamenta.

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