domingo. 02.10.2022

Natalia Gómez, la marina colombiana que deja en alto el nombre de las mujeres hispanas en Emiratos Árabes

La joven, que hoy escribe una inspiradora historia, rompe paradigmas y demuestra que las mujeres pueden llegar muy lejos en el sector marítimo de Oriente Medio y del mundo
Natalia Margarita Gómez, la marina colombiana que ha hecho historia en Oriente Medio, en la Marina de Dubai, (Anna Perdomo / EL CORREO)
Natalia Margarita Gómez, la marina colombiana que ha hecho historia en Oriente Medio, en la Marina de Dubai, (Anna Perdomo / EL CORREO)

“Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”. Eso lo sabe bien Natalia Margarita Gómez, una joven colombiana y mujer de mar que ha pasado casi media vida sorteando tormentas y fuertes navegaciones en buques marinos y de río, además de los innumerables obstáculos que se le han presentado en su carrera en el sector, un campo liderado por hombres y poco explorado por las mujeres.

Esta joven, natural de la región de Santander en Colombia, con tan solo 31 años no solo consiguió ocupar un importante cargo liderando un área estratégica de una prestigiosa compañía marítima de Emiratos Árabes Unidos (EAU), sino cambiar la visión de miembros del sector respecto al rol de la mujer de mar en el Oriente Medio, donde debido a aspectos tradicionales y culturales arraigados, los hombres tienen un papel preponderante en el liderazgo de diferentes campos.

Aunque hoy ve materializados gran parte de sus más importantes sueños, Natalia sonríe al recordar cómo fue el camino para alcanzar lo que pocas mujeres de mar han logrado en el país del Golfo.

“En los inicios fue muy duro, ya en muchos sectores de la economía del Oriente Medio y el mundo el género masculino lidera, por supuesto en el sector marítimo aquí no era común que una mujer comandara un barco y dirigiera una tripulación de hombres de muchas nacionalidades. Al principio fue un gran choque para ellos”.

La colombiana, a su corta edad, ha logrado lo que muchos en el sector marítimo anhelan: ocupar un cargo directivo en una multinacional en uno de los negocios más lucrativos del mundo y ganarse un importante espacio en las compañías del Medio Oriente, mientras deja el nombre de las mujeres latinoamericanas en alto.

Su historia, al igual que la mayoría de las personas que han logrado alcanzar el éxito, ha estado marcada por un camino lleno de dificultades, que logró superar gracias a su carácter fuerte y convicciones inamovibles, que desde muy joven la llevaron a tomar decisiones radicales y sobre todo poco convencionales.

Con tan sólo 16 años dejó su familia y la pequeña población donde vivía, llamada Socorro, situada en Santander justo en el nororiente colombiano, para convertirse en militar.

"Yo no me veía en una carrera normal", dice orgullosa mientras recuerda su paso por la Escuela Naval Almirante Padilla entre 2004 y 2007, tiempo en el que soportó un duro entrenamiento militar.

Natalia Margarina Gómez antes de ocupar su posición actual fue militar en Colombia y participó en peligrosas operaciones contra la delincuencia. (Anna Perdomo / EL CORREO)

"Mi paso por la escuela militar influyó mucho en que haya tenido éxito en la industria marítima, porque me volvió muy fuerte física y psicológicamente para afrontar cualquier situación", apunta.

En la institución naval Natalia aprendió, además de la disciplina propia de los militares, diversos conocimientos académicos sobre navegación, seguridadcomunicaciones marítimas y todo lo necesario para convertirse en profesional en ciencias navales y teniente de Corbeta de la Marina colombiana en el año 2007.

Desde su rol como militar y mujer de mar hizo parte de la tripulación del buque oceanográfico y científico ARC Providencia en el Caribe colombiano, donde se desempeñó como jefe del Departamento de Cubierta.

"En esta posición aprendí a hacer guardias de navegación, tener personas bajo mi mando y poner en práctica todo lo que había estudiado por cuatro años", puntualiza la colombiana.

Luego como teniente fue destinada por la Armada Nacional de Colombia al cargo de oficial de Operaciones en la Estación de Guardacostas de Buenaventura. 

Allí participó en la planeación y ejecución de operaciones llenas de riego y con altas dosis de adrenalina, en contra de peligrosas organizaciones que delinquían en la región del Pacífico, una de las zonas de Colombia más azotadas por el flagelo del narcotráfico y las bandas criminales.

“Tras vivir esa gran experiencia sentí que quería mucho más y con mis capacidades podía hacer algo grande afuera, tener experiencias con otras culturas y aprender de navegación internacional para llegar tan lejos como había soñado”, subraya.

Es así como decidió renunciar a su vida estable en las Fuerzas Militares para empezar de cero hacia un rumbo completamente desconocido.

La marina colombiana asegura que Emiratos Árabes es un país que ofrece numerosas oportunidades. (Anna Perdomo / EL CORREO)

Viajó a Australia seis meses a aprender inglés, y envió cientos de hojas de vida logrando ser contratada por una compañía de la marina mercante en Cartagena donde inició como oficial de cubierta en un barco tanquero.

"Me gusta leer mucho y estar informada, gracias a ello conocí acerca del boom mundial del offshore y barcos de posicionamiento dinámico, un gran campo que podría ser muy rentable y ambicioso", relata la marina.

Aunque por largos lapsos tenía un fuerte trabajo en el que se debía soportar el mareo por el fuerte oleaje en largas navegaciones, condiciones meteorológicas adversas o el olor a combustible y aceites, propios de los grandes barcos mercantes, dedicaba sus vacaciones realizando largos viajes al exterior para capacitarse en nuevos conocimientos en el campo marítimo.

Reviviendo su camino recuerda: "Durante mucho tiempo envié miles hojas de vida en todas partes del mundo para barcos, plataformas petroleras y de buceo y esperé por meses sin recibir respuesta, fueron momentos duros en los que sentía temor por el fracaso, sin embargo, nunca perdí la fe en que algo grande había para mí".

Finalmente, un día del año 2010 una empresa del Medio Oriente respondió a sus insistentes mensajes, anunciándole que tenían una vacante. A esto le siguieron tres años de navegaciones en Malasia, Singapur, Irak, Kuwait y Qatar, dirigiendo tripulaciones de hombres de diferentes nacionalidades, quienes al principio vieron con rareza que una mujer latinoamericana y de tan corta edad estuviera en frente de importantes proyectos en la embarcación.

"Cuando estoy en los barcos soy muy estricta, centrada en el trabajo y muy seria. Siempre he respetado los límites con la tripulación y por eso no he tenido problema como mujer a bordo. Al principio me probaban para ver si sabía o no liderar, pero cuando veían mi trabajo logré ganarme todo su respeto", asegura.

Su incansable trabajo la llevó a alcanzar importantes cargos como jefe de seguridad en las operaciones en una empresa del emirato de Sharjah y hace casi dos años lograr ser contratada por una de las compañías marítimas más importantes de Abu Dhabi desde donde lidera los procesos de control en las operaciones de barcos internacionales en el Medio Oriente, el lugar que la acogió con “buenos vientos y buena mar”.

"Amo Emiratos y me veo muchos años más aquí. Para mí es el país de las oportunidades, un lugar lindo y seguro donde puedes crecer en diferentes campos", declara convencida.

Mientras hace esta confesión, recorre la Marina de Dubai, un lugar que huele a mar y donde reposan, pacientes, yates y embarcaciones esperando una nueva travesía, como aquella que emprendió Natalia hace nueve años mudándose a un lugar del que no sabía nada, empacando solo algo de ropa y la firme convicción de llegar más lejos, marcar la diferencia y recordarle al mundo que no tiene límites.

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