Estoy pasando por una etapa muy interesante de la vida, he vuelto a ser estudiante, en la que cumplo una ley de vida. Desde la primaria hasta la universidad, siempre fui de los más jóvenes del aula y aunque tuve que interrumpir mi pasión por el estudio, para dedicarme a trabajar durante 30 años, he retomado la senda del estudio, gracias a un Máster en Diplomacia, que estoy disfrutando al máximo, en el cual, soy posiblemente el más viejo de la clase. En un seminario sobre la historia de España e Hispanoamérica, surgió el nombre de Policarpa Salavarrieta, a quien dedico la columna de hoy.
Policarpa Salavarrieta nació en Guaduas, Cundinamarca, a unas tres horas de Bogotá. La que en tiempos coloniales fue la Villa de San Miguel de Guaduas, el cual es un bonito municipio que hace parte de la Red de pueblos patrimonio de Colombia. Para información de contexto, la guadua es el bambú colombiano, material indispensable en la edificación de viviendas e infraestructuras y que ha sido llevado a las altas esferas de la construcción y el diseño, gracias a Simón Vélez, un arquitecto colombiano sobre el que volveremos en el futuro.
La familia de Policarpa se establecería en la capital del Virreinato de la Nueva Granada, llamada en aquel tiempo Santa Fe de Bogotá y allí aparte del oficio de modista y maestra de niños, en plena reconquista de las fuerzas realistas, fue espía de los revolucionarios, en la clandestinidad, luego de un atisbo de independencia. Salavarrieta fue descubierta y condenada a muerte por ser considerada traidora a la corona española. Sus palabras en el paredón de fusilamiento, ante los pobladores y curiosos allí reunidos para ver su ejecución, pasarían a la historia: ¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde: ved que, aunque mujer y joven, me sobra valor, para sufrir la muerte y mil muertes más.”
La trascendencia de Policarpa, ha sido tal, en la vida de los colombianos, que con su sobrenombre de la Pola, se convirtió en otra denominación de la cerveza, una de las bebidas más apreciadas del país. Resulta que en 1910, en medio de las celebraciones del primer centenario de la independencia, la cervecería colombiana Bavaria, quiso rendirle un homenaje a la figura histórica, lanzando una versión especial, que llevaba la imagen de Policarpa y que rápidamente fue muy popular, quedándose para siempre el nombre de la Pola, como sinónimo de cerveza. Así que no se asusten los lectores extranjeros, si algún colombiano, los invita a tomarse una pola.
Policarpa ha aparecido en la cultura popular colombiana, e incluso latinoamericana, por ejemplo en 1959, fue destacada en una obra gráfica de la editorial mexicana Novaro, en la colección de Mujeres Célebres. 'La Pola, mártir de América' con adaptación literaria de María M. De Valdés y realización artística de Carlos Neve. Apareció también con el título genérico 'Aventuras de la vida real. La Pola'. En la literatura, sobresalen novelas como 'Yo, la Pola de Flor Romero' o 'La Pasión de Policarpa' de Pilar Lozano, aparte de biografías más académicas como '¡Viva la Pola! Biografía de Policarpa Salavarrieta de Beatriz Helena Robledo'. El reconocido director de cine y televisión Sergio Cabrera, en 2010, dirigió la serie 'La Pola', producida por RCN Televisión, a la heroína la encarnaron en su temprana juventud Ana María Estupiñán y Carolina Ramírez de adulta.
La querida Pola, sigue siendo objeto de abusos en nombre de la libertad. Ignoro por qué, cada vez que hay una protesta, especialmente en el día de la mujer, el bonito monumento en su honor, erigido muy cerca de la entrada de la Universidad de los Andes en Bogotá, es literalmente agredido, con grafitis y pintadas, que no corresponden a la enorme importancia de una mujer pionera en la lucha de los derechos populares en Colombia. Si realmente, quieren hacer una protesta creativa, deberían las y los organizadores de estas manifestaciones, realizar una parada artística y creativa que le haga justicia a la memoria de Policarpa.
En cualquier caso, sirva esta modesta columna, para hacerle justicia a una mujer sin igual, la misma que ofreció la vida, para servir de ejemplo e inspiración a sus conciudadanos. Podemos brindar por Policarpa Salavarrieta, si es con una pola colombiana, mejor.
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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/ En lo que sigue llamando Twitter lo encuentran como @dixonmedellin y explora el cielo azul en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social.
