viernes. 21.06.2024

En mayo de 1993, la publicación colombiana El Tiempo publicó un reportaje sorprendente. Los culebrones de televisión árabes estaban siendo barridos por las telenovelas latinoamericanas. No era un dato menor. Hasta entonces, las ‘musalsalat’ producidas en Egipto habían dominado durante décadas las sobremesas del mundo árabe, desde Marruecos a Líbano, pasando por Omán. El reportaje se centraba en Túnez, pero dejaba vislumbrar un terremoto mediático y cultural de enormes proporciones.

Un productor libanés, de nombre Isam Hamaui, había percibido cierto cansancio en la audiencia. Propietario de unos estudios de doblaje, con sede en Beirut, apostó por dar un volantazo a la industria de los seriales de televisión y patrocinó el doblaje de una telenovela mexicana titulada ‘O tú o nadie’, que en árabe adoptó el nombre de ‘Anta au la ahad’. Una encuesta reveló un dato demoledor. Nada menos que el 83 por ciento de los telespectadores tunecinos entre los 15 y los 30 años vivían colgados de la serie latinoamericana cada día.

El sondeo certificaba un fenómeno sin precedentes en la escena árabe. Por primera vez en la historia contemporánea, los telespectadores del Magreb y Oriente Medio daban la espalda a un género, el de las ‘musalsalat’, que hasta entonces había sido monopolizado por la producción nacional y las pautas morales, ideológicas y culturales domésticas. Tanto que Hamaui, consciente del movimiento sísmico que estaba provocando, anunció que volcaría parte de su esfuerzos empresariales en doblar al turco y al hindú los folletines árabes.

El productor libanés declaró entonces a una publicación tunecina: “El éxito ha sido asombroso. Todo lo que me ofrecía la mexicana Televisa me lo quitaban de las manos las televisiones árabes, desde Emiratos a Marruecos”. Y así era. Hasta el punto de que el canal oficial de la televisión tunecina transmitía dos telenovelas mexicanas diarias. La primera arrancaba a las 7.30 de la mañana y era un éxito arrollador entre las amas de casa. Un psiquiatra tunecino terció en el desconcertante debate social para explicar el huracán de los culebrones hispanoamericanos: “Los jóvenes árabes tienen el deseo profundo de vivir la trama de las telenovelas para liberarse de los opresivos lazos familiares”.

Aquella ola de 1993 fue un punto de inflexión en la industria de las ‘musalsalat’ árabes. De tal forma que ya el siglo XXI se inició con un proceso de cambios tecnológicos, temáticos y empresariales de alto calado en el ámbito de los seriales de televisión de Oriente Medio, según explica Pablo A. Murillo, investigador y doctor en Cine y Televisión, en un sugerente artículo publicado recientemente por la revista Afkar/Ideas.

“Hasta finales de los ochenta”, argumenta Murillo, “las series árabes estaban controladas por canales gubernamentales”, que las usaban como “instrumento ideológico” en el ámbito moral, político e histórico. Justamente en los años noventa, la aparición de las tecnologías satelitales y el auge de las privatizaciones propinaron un impulso regional a las series. Empiezan a surgir empresarios saudíes y kuwaitíes, que hicieron tambalear la indiscutible hegemonía egipcia. Irrumpe también la industria siria y las telenovelas experimentan un estímulo innovador en materia estética y de contenidos.

Fotograma ramadán serie
Las 'musalsalat' aún mantienen su arrolladora atracción popular medio siglo después

Hoy día casi todos los países árabes producen ya series de televisión. La industria se ha diversificado notablemente y los guiones se han abierto a temáticas más plurales y contemporáneas. El investigador Pedro A. Murillo agrupa las ‘musalsalat’ en tres grandes secciones temáticas. En primer lugar, los folletines sobre relaciones interpersonales. En segundo, las telenovelas que tratan asuntos sociopolíticos. Y finalmente las de contenido netamente histórico.

Las primeras dominan el género. Tejen historias de amor y desamor, y destripan familias desestructuradas. También focalizan en biografías de mujeres, toda una novedad para la tradicional cultura medio oriental. El experto destaca en este capítulo dos seriales jordanos producidos por Netflix: ‘Jinn’ (2019) y ‘Escuela para señoritas al Rawabi’ (2021). Las dos telenovelas reflejan los conflictos adolescentes entre compañeros de un instituto, víctimas de situaciones de acoso, violencia física y sexual o problemas de salud mental. Ambas fueron objeto de controversia por adoptar una visión “occidentalizada” de la juventud frente a los valores tradicionales árabes.

Otro grupo de ‘musalsalat’ se centran en la inmigración ilegal y el terrorismo islamista. Murillo cita a la tunecina ‘Harga’ (2021) y la argelina ‘Barbour Ellouh’ (2022) como ejemplos de seriales televisivos sobre el dramático fenómeno de los movimientos migratorios a través del Mediterráneo con destino a Europa. ‘Harga’ hace referencia a la quema de documentos por los inmigrantes ilegales para evitar ser deportados de vuelta a casa una vez que alcanzan las costas italianas. La segunda telenovela llegó a tener problemas con las autoridades argelinas, según subraya el autor del artículo.

La seria egipcia ‘Al Gamaa’ (2010) recreó una historia del sanguinario grupo terrorista del mismo nombre, muy activo en los noventa contra la industria turística y la comunidad cristiana copta. La saudí ‘Al Gharabeed Soud’ (2017) narra la historia de un grupo de mujeres árabes que se incorporan a una organización extremista violenta. Para el experto español, ambos títulos proponen un “análisis simplista y con fines propagandísticos”. ‘Khiyanat watan’ (2016), de producción emiratí, representó el primer drama político del Golfo.

El artículo de Afkar destaca en este apartado los seriales generados por la productora egipcia Synergy, que apuesta por ritmos frenéticos y protagonistas “hipermasculinizados”. Fruto de esta factoría audiovisual son ‘Al aedoon’ (2022) y ‘Al ikhtiyar’. La primera está basada en un suceso real que enfrentó a fuerzas de seguridad con terroristas del Estado Islámico. La segunda recupera el golpe militar de Al Sisi de 2013, bajo un prisma inequívocamente oficialista.

El género de la sátira social ha ganado terreno en las últimas décadas. Paradójicamente, la industria saudí es una de las más activas en este capítulo. Del cómico y estrella televisiva Nasser Al Qasabi señala dos series: ‘Selfie’ (2015) y ‘Makhraj 7’ (2020). En la primera caricaturiza el extremismo religioso y las divisiones sectarias entre sunníes y chiíes, mientras que en la segunda se aproxima a las relaciones de personas del mismo sexo, un tema largamente tabú en este contexto geográfico. Para Murillo, la serie satírica más transgresora es ‘Masameer’ porque parodia el conservadurismo cultural saudí en el “marco discursivo aprobado comercial e institucionalmente”.

Las series sobre la mujer también son cada vez más frecuentes en el efervescente y popular universo de las telenovelas árabes. “Supone un innegable avance sociocultural”, argumenta Murillo. En ellas, se aborda la cuestión de la desigualdad y la opresión de la mujer en el ámbito social, laboral o doméstico. ‘En busca de Ola’ (2022) y ‘Betloo el rooh’ (2022) son las dos ‘musalsalat’ que cita como referentes de narrativas emancipadoras de la mujer. La egipcia ‘Faten Amal Harby’ (2022) cuenta la historia de una mujer de clase media baja que lucha por divorciarse y conseguir la custodia de sus hijas.

Las telenovelas árabes mantienen una enorme influencia social y siguen constituyendo un “medio crucial de debate sociopolítico”, asegura el artículo de Afkar. El autor es consciente de la dificultad de radiografiar ciertos temas en algunos países, que, pese a todo, logran “permear la sociedad árabe mediante un formato cultural de enorme popularidad”.

Las ‘musalsalat’ rompen barreras culturales en el mundo árabe